CON LAS CUERDAS ROTAS


Hacía mucho tiempo que no había deseado tanto tener algo y eso fue lo que me pasó con el libro de Soraya: “Con las Cuerdas Rotas”.

La verdad el libro resultó ser mucho más de lo que yo esperaba, pues entre sus líneas descubrí que la fortaleza de espíritu que tenía Soraya viene desde tres generaciones atrás, puesto que ella es descendiente de Mercedes, Nayibe y Jamile, 3 mujeres de origen libanés que en 1920 y a causa de la guerra perdieron a sus maridos y en un inmenso éxodo huyeron en barco para proteger lo que quedaba de sus familias y comenzaron de nuevo en Cali, Colombia, lugar en el que además de empezar de cero, tuvieron que aprender un idioma desconocido y peor aún enfrentarse a una enfermedad tan dolorosa como el cáncer, justo en la época cuando los tratamientos para los “tumores” -como se les conocía entonces- eran demasiado “primitivos” y no existían los tratamientos que en la actualidad hacen un poco “mas llevadera” esta enfermedad.

Esos son los orígenes de Soraya… quien comienza relatando como su abuela Nayibe,Yamila (la mamá de Soraya) y América (su tía) afrontaron -cada una en su tiempo- su lucha personal contra la enfermedad.

Por la naturaleza de mi trabajo, sintetizar y resumir información es algo a lo que estoy muy acostumbrada, pero por primera vez en mucho tiempo me cuesta mucho trabajo resumir un libro, primero porque se trata de Soraya, y segundo porque resulta impresionante leer en “Con Las Cuerdas Rotas” la historia de una chica con un don natural, quien desde muy temprana edad estuvo consciente de que la música sería su vida. A los 5 años aprendió a tocar la guitarra y el violín, a los 10 ya ejecutaba a la perfección “Las Cuatro Estaciones de Vivaldi”, mientras que en su adolescencia además de destacar en varias actividades deportivas y académicas logró ser la estudiante más joven que audicionó para pertenecer a la Orquesta Sinfónica de Nueva York e ingresar a la prestigada escuela Julliard´s School of Music…

Todo esto por mencionar y resumir sólo algunos de sus logros, pero quizá el más importante fue que gracias al esfuerzo de sus padres, Soraya se convirtió en lo que todos conocimos, ya que aprendió desde muy niña a valorar todo cuanto tenía y a que nada se gana sin dedicación y esfuerzo.

Cada capítulo del libro es muy emotivo, pero al mismo tiempo es una lección de fortaleza y fe. Resulta muy desgarrador leer como Soraya a sus 18 años afrontó el diagnóstico de su madre, me encantó la anécdota de las peripecias que pasaron juntas cuando en un intento por vivir su vida al máximo, la señora intentó aprender a conducir y aplicó para obtener la licencia de manejo, y muy en especial resulta muy emotivo el relato que Soraya hace de el momento en el que falleció y de la experiencia sobrenatural que tuvo al día siguiente que sucedió eso.

Es muy triste también descubrir como luego de alcanzar el éxito como cantante y compositora, haber viajado con su música a países tan distantes e increíbles y haber alternado en el escenario con personajes tan importantes como Sting o Alanis Morrissette, sin que la vida le hubiera dado la posibilidad de compartir todos esos logros con su madre, Soraya en el año 2000, y luego de visitar en Colombia a su tía América (que en esa época ya se encontraba invadida por el cáncer), tuvo que cambiar radicalmente su vida al darse cuenta que ella, como si fuera una especie de estigma, al igual que las otras mujeres de la familia, también tendría que librar su propia batalla contra esta enfermadad.

Yo creo que esta es la parte más fuerte del libro, cuando Soraya describe como su vida se convirtió en una lucha diaria por mantenerse físicamente de la mejor forma posible.

Me impresiona en particular haber descubierto que hubo etapas en las que Soraya, de lo débil que estaba no podía ni sostener su guitarra, que le resultaba un gran sacrificio hacer cosas tan simples como levantarse a tomar un vaso de agua, que hizo giras, presentaciones de promoción, conciertos de dos horas aún estando en tratamiento; me partió el alma leer como vio frustrado su deseo de ser mamá y como canalizó esa energía en algo positivo en los niños cercanos a ella, y también que irónicamente uno de los medicamentos que ella tomaba, con anterioridad fue uno de los que su tía América usó cuando aún estaban en fase experimental, y que años después contribuyeron a que muchas mujeres enfermas de cáncer -incluída Soraya- pudieran beneficiarse al obtener una mejor calidad de vida.

Yo creo que cualquier persona que lea el libro, va a reflexionar mucho acerca del valor real que tiene su existencia, pero para mi en lo personal es invaluable haber descubierto lo que Soraya tenía que decir, y siento que ahora más que nunca, tienen mucho sentido las letras de sus canciones, muchas de las cosas que me dijo cuando tuve oportunidad de conversar con ella, que no era “Alucine mío” el haber percibido nostalgia en su mirada, pero sobre todo hubo una noche en que me quedé pensando durante una buena parte de la madrugada en que yo nunca había sido capaz de valorar como un tesoro mi salud, ni mucho menos, al leer la descripción tan fuerte que Soraya hace al referirse al golpe tan duro que que representó para ella la mastectomia, había valorado -como ella lo afirmó ahí- la importancia que los senos tienen para nosotras las mujeres como parte de nuestra feminidad y la relevancia que revisten en la sexualidad de cada una de nosotras.

No quiero hacer este “resumen” más largo… Sólo puedo decir que el libro me impactó puesto que es un testimonio de vida que ejemplifica a través de anécdotas y experiencias muy fuertes, que hasta en los momentos más difíciles hay “Una Razón Para Creer” (tal y como lo describe la anécdota que dio como resultado el nacimiento de esta canción).

Hay muchas frases que reflejan la esencia de lo que ella fue en vida: una mujer joven, hermosa y talentosa (tal y como la describe Itzel, una amiga muy cercana a Soraya), y es ella misma quien casi al final del libro comparte una anécdota hermosísima (casi, casi mágica), relacionada con un Oriol que sucedió poco menos de una hora después de que Soraya falleció.


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