ACTÚA COMO DAMA, PERO PIENSA COMO HOMBRE


Resultado de imagen para Actúa como dama, pero piensa como hombre – Steve HarveyActúa como dama pero piensa como hombre es un libro para ayudar a las mujeres a entender mejor a los pobres e incomprendidos hombres, e indicarnos nuestro deber como novias/esposas/madres de los mismos. 

Decidí leer este libro porque amo mi costumbre de no leer la sinopsis y dejarme llevar por los títulos. De eso quiero hablar primero, del título. Si eres mujer, debes pensar, caminar, hablar y shalalás como mujer. Nunca debes hacer ninguna cosa como si fueras otra persona, animal u objeto por el simple hecho de que no lo eres. Después de aclarar que el título es ridículo y que lo escogieron por la polémica que traería, sigamos con la reseña. 

El libro está dividido en tres partes, y estas en capítulos. Únicamente mencionaré algunos de los muchos capítulos que no me gustaron porque si hablara de todos esto sería larguísimo.

Antes de dejar muy en claro los motivos por los cuales lincharía al autor, quiero decir que si tú compras este libro y lo sigues al pie de la letra, es casi seguro que consigas una pareja. Una pareja que te va a hacer sentir una tonta ilusa que cree en el amor y que por tu culpa, lo siento pero es cierto, estarás promoviendo el machismo y la violencia en las relaciones de pareja. ¿Por qué lo digo? Por cosas como: "El hombre necesita tres cosas: apoyo, lealtad y el bizcochito. Si le niegas este último por más de noventa días, se irá con otra. Si no quieres que eso pase, entonces dáselo. Si tienes una relación con él, no te será difícil este trabajo." y "los hombres pueden engañar porque hay muchas mujeres dispuestas a entregarse a un tipo que no les pertenece. Por supuesto que, de cuando en cuando, se trata de una pobre a quien le tomaron el pelo."

Conclusión: Mujer, tienes noventa días o tu "relación de pareja" pasa a ser tema de tres... o cuatro. Una infidelidad siempre es culpa de una mujer.

Hay un capítulo que no me gustó nada y se llama "Mujeres fuertes, independientes -y solitarias" en el que dice que si eres una mujer exitosa, que puede mantenerse económicamente sola y segura, entonces ahuyenta a los hombres porque ellos necesitan tener algo que ofrecerte de dos campos: proteger y proveer. Necesitas dejarlos ser "hombres" y que ellos cubran esas cosas. Absurdo.

Un punto que me molestó muchísimo, es que toma la religión como referencia para indicar si alguien es de buena moral o no. "Enamórate de un hombre religioso, ten por seguro que es de buena moral." Considero que la moral es algo ajeno a la ideología religiosa. Yo no soy creyente y sin embargo soy una buena persona y partidaria de las causas sociales porque me nace. ¿En verdad hay que juzgar a las personas por sus creencias? Muy mal, Steve.

Casi al final, a menos de un cuarto del libro, se vuelve un poco incongruente con el tema de los '90 días'. Sí, en la primera parte nos dice que tenemos noventa días para tener sexo con ellos o entonces se irían con otra mujer. Ok, lo entendimos, noventa o adiós. Sin embargo, en la tercera parte nos dice que durante noventa días nos hagamos del rogar un poquito para ver que tan interesado está él en nosotras. Si en verdad te quiere, pasará noventa días "trabajando" para ganar prestaciones (sexo) mientras recibe un salario (besos y abrazos). Así te ganas el respeto que mereces. ¿Entendieron? Yo no.

Lo triste del asunto, es que hay cosas muy ciertas. Por ejemplo los primeros capítulos en los que menciona porqué los hombres son como son. Ejemplos como:

a) la búsqueda de hombría desde la niñez. El enseñarle a un niño a no llorar porque es hombre, a proteger a las mujeres de la familia por ser el hombre, a pelear si lo molestan en clase, cargar cosas pesadas, mantener en alto el apellido paterno y hacerse de un nombre en la sociedad.

b) formas de demostrar amor hacia su pareja. Presentarla por lo que es para "demostrar posesión" y orgullo frente a otro hombre (ella es mía y no se toca).Solucionar los problemas de tu pareja para demostrar que puedes proveer y proteger en un futuro. Procurar su seguridad.

Ambos puntos son ciertos, no he conocido a un hombre que no le hayan enseñado a cumplir con A y B. Como también es cierto que los hombres, al momento de conocerte, analizan tu precio. Ver cuánto les costaría una oportunidad contigo y en base a eso será la manera en que te van a tratar. En México se le llama trabajar a una chava. Si tienes un precio muy elevado, o se van con alguien más, o harán méritos un buen tiempo para atraer tu atención. Si no te valoras y crees que pueden salir contigo a un precio muy bajo, te trataran como si no valieras nada y estarán contigo hasta que puedan salir con la del precio más alto. Entre mayor sea el premio, más entretenido es el juego. Triste pero cierto. 

Ya para terminar, lo único en lo que estoy de acuerdo con el autor es en lo siguiente:

Anónima(o): ¿Por qué algunos hombres le pegan a las mujeres?Steve: Por debilidad y por la necesidad de controlar algo en sus vidas. Pero me he dado cuenta de que los hombres que lo hacen no les pegan a otros hombres. Así de cobardes son.

En conclusión, no necesitas ningún libro que te diga lo que tienes que hacer para conseguir pareja. Mucho menos uno machista. ¡Cada ser humano vale mucho porque es único! Créeme, encontrarás a alguien que te quiera por como eres sin querer cambiar nada de ti. Sin excepciones. No te recomiendo este libro para nada.

Actúa como dama pero piensa como hombre es un bestseller porque la curiosidad del ser humano es enorme, y su interés en ser querido o admirado por otro ser humano es aún mayor. 

NO DEJES APAGAR TU LUZ

“Un hombre del pueblo de Neguá, en la costa de Colombia, pudo subir al alto cielo.

A la vuelta contó. Dijo que había contemplado desde arriba, la vida humana.

Y dijo que somos un mar de fueguitos.

- El mundo es eso - reveló - un montón de gente, un mar de fueguitos.

Resultado de imagen para mujer con luz propiaCada persona brilla con luz propia entre todas las demás. No hay dos fuegos iguales. Hay fuegos grandes y fuegos chicos y fuegos de todos los colores. Hay gente de fuego sereno, que ni se entera del viento, y gente de fuego loco que llena el aire de chispas. Algunos fuegos, fuegos bobos, no alumbran ni queman; pero otros arden la vida con tanta pasión que no se puede mirarlos sin parpadear, y quien se acerca se enciende". 

Este precioso relato del escritor Eduardo Galeano que aparece en su obra "El libro de los abrazos" muestra las diferencias que existen entre las personas. Hay personas seguras de sí, que han construido una buena autoestima y que rebosan energía, a cuyo lado es un placer estar. 

Hay otras personas que nunca se han preocupado por crecer y que terminan consumiéndose en el rencor, la envidia, el odio y los resentimientos. A esas personas les suele molestar mucho quienes brillan con luz propia e incluso pueden hacer todo lo posible por apagar esa luz.

¿Qué significa tener luz propia?

Durante algunos periodos de la vida, dejamos que otras personas nos alumbren con su luz. Esas personas nos dan una mano cuando más lo necesitamos, nos brindan herramientas para enfrentar las dificultades y nos ayudan a solucionar los problemas. A su lado aprendemos y nos recomponemos.

Sin embargo, es un error vivir continuamente bajo la luz de los demás. Cada quien debe aprender a cultivar sus luces, que significa alimentar sus sueños e ilusiones, potenciar sus capacidades y cultivar su verdadero “yo”. Si no alimentas tu propia luz terminarás desilusionado de la vida, acumulando desencantos e insatisfacciones que te convertirán en una persona amargada.

Para brillar con luz propia es fundamental que:

- Seas una persona auténtica y congruente. Todos tenemos una luz diferente que nos hace únicos y especiales, pero si no nos aseguramos de alimentarla terminará apagándose. La mejor manera para brillar con luz propia consiste en ser tú mismo, esforzándote cada día por ser la mejor versión de ti. 

- No escondas tus oscuridades. Las oscuridades, entiéndase los “defectos”, errores o fracasos, no son motivo para avergonzarse y no hay necesidad de esconderlos. Las oscuridades que se sacan a la luz terminan convirtiéndose en luces, las que escondes pueden terminar apagando tu luz. No tiene mérito enorgullecerse de los logros, en vez de eso, siéntete orgulloso de cómo has superado los obstáculos y has logrado levantarte después de una caída.

¿Cómo protegerte de las personas que apagan las luces?

Hay personas que no soportan que los demás brillen, es como si esa luz les encandilara. Por eso pueden intentar hacerte creer que no eres merecedor de ciertas cosas, que tu esfuerzo no ha sido para tanto o que podías haberlo hecho mucho mejor. 

También pueden lanzarte críticas muy dolorosas o incluso atacarte donde más te duele recurriendo a la manipulación emocional. El problema es que estas personas arrastran una gran frustración, lo cual hace que proyecten sobre los demás sus propias oscuridades y responsabilicen a los otros por lo que ellos mismos no han sido capaces de lograr.

Si no construyes un escudo que te proteja de sus palabras y actitudes, es probable que esos ataques terminen apagando tu luz, lo cual significa que adoptarás su manera negativa y derrotista de ver la vida y que también querrás apagar la luz de quienes te rodean.

Los tres pilares de ese escudo son:

1. Aprende a ignorar. Quizá algunas de las personas a quienes les molesta tu luz son amigos cercanos o compañeros de trabajo. En vez de enfadarte con ellos, asume que son personas diferentes a ti, con distintas experiencias de vida, que quizá ni siquiera son plenamente conscientes del daño que pueden hacer sus comentarios y actitudes. Por tanto, aprende a ignorar todo aquello que no te permita crecer. Recuerda que solo te puede hacer daño aquello a lo que le has conferido valor.

2. Cultiva el sentido del humor. No hay arma más poderosa contra los problemas, las críticas malsanas y los intentos de desvalorización que el sentido del humor. No te tomes las cosas como algo personal, aprende a reírte de lo que supuestamente debería incomodarte, enfadarte o denigrarte. El sentido del humor es la herramienta de las personas inteligentes para protegerse y no permitir que los demás dañen su autoestima.

3. Sigue siendo tú. No cambies tu manera de ser para satisfacer a los demás porque ese es el camino más directo hacia la insatisfacción y la infelicidad. Puedes modular tus comportamientos pero sin renunciar a tu esencia. Considera que las herramientas más eficaces para contrarrestar la negatividad son la felicidad y el hecho de sentirte bien contigo mismo.

Y siempre que puedas, proyecta un poco de tu luz sobre los demás. No serás más pobre sino mucho más rico porque la luz interior, mientras más se reparte, más crece. Y recuerda siempre que quien brilla con luz propia no necesita apagar la luz de los demás.

LA PARÁBOLA DE LA FLECHA ENVENENADA

En el Majjhima Nikaya, una colección de textos atribuidos a Buda que forman parte del Canon Pali, podemos encontrar la “parábola de la flecha envenenada”. Gautama Buda le contó esta historia a un discípulo que se mostraba impaciente por escuchar del maestro las respuestas a las “14 preguntas sin respuesta” relacionadas con cuestiones metafísicas como la vida después de la muerte.

"Hubo una vez un hombre que fue herido por una flecha envenenada. 

Sus familiares y amigos querían procurarle un médico, pero el enfermo se negaba, diciendo que antes quería saber el nombre del hombre que lo había herido, la casta a la que pertenecía y su lugar de origen. 

Quería saber también si ese hombre era alto, fuerte, tenía la tez clara u oscura y también deseba conocer con qué tipo de arco le había disparado, y si la cuerda del arco estaba hecha de bambú, de cáñamo o de seda. 

Decía que quería saber si la pluma de la flecha provenía de un halcón, de un buitre o de un pavo real... 

Y preguntándose si el arco que había sido usado para dispararle era un arco común, uno curvo o uno de adelfa y todo tipo de información similar, el hombre murió sin saber las respuestas".

Al leer la parábola la primera idea que nos viene a la mente es que la actitud del hombre herido es absurda y necia. Sin embargo, nos está diciendo que todos nos comportamos de la misma manera sin darnos cuenta.

De cierta forma, todos estamos heridos con esa flecha envenenada ya que, antes o después, moriremos. Sin embargo, vivimos sin ser plenamente conscientes de nuestra mortalidad, por lo que a menudo le damos una importancia excesiva a cosas intrascendentes que nos impiden disfrutar del presente sumiéndonos en un estado de preocupación innecesario.



Grandes enseñanzas para toda la vida

- Céntrate en lo que realmente te ocurre

En muchas ocasiones, para resolver un problema es importante no perderse en divagaciones, necesitamos actuar. Lo más usual es que detrás de esas cavilaciones se esconda el miedo y la incertidumbre. Cuando nos enfrentamos a un problema y nos vamos por las ramas, aunque sabemos cuál es la solución definitiva, es porque tememos a algo. Sin embargo, considera que a largo plazo las soluciones tibias solo sirven para generar más problemas, además de crear un estado de insatisfacción interior. 

En otros casos activamos mecanismos de defensa como la proyección o el desplazamiento mediante los cuales trasladamos el problema fuera de nosotros mismos, o intentamos esconderlo. Generalmente esto se debe a que no deseamos aceptar que formamos parte del problema, por lo que para solucionarlo primero debemos trabajar sobre nosotros mismos. En cualquier caso, la estrategia nunca es mirar hacia otro lado, es importante comprender qué nos ocurre realmente y aprender a priorizar aquí y ahora.

- Da un paso a la vez

La mente puede convertirse en nuestra mejor aliada o nuestra peor enemiga. Podemos usarla en positivo para solucionar problemas o podemos usarla en negativo encontrando un problema para cada solución. Para vivir con menos agobio y estrés la clave consiste en ir paso a paso. Eso no significa que no podamos anticiparnos a los problemas, pero debemos asegurarnos de que no estamos alimentando un pensamiento catastrofista. 

Céntrate en el presente, valora cuidadosamente la situación en la que estás y da un paso a la vez, ese paso no te llevará directamente a tu destino, pero al menos te sacará de donde estás. Vive día a día, como si cada jornada fuera la primera y la última de tu vida.

- Deja que todo fluya y que nada influya

A veces nos quedamos cautivos de los problemas, aunque estos ya se hayan solucionado o formen parte del pasado, ya que siguen rondando nuestra mente, provocando desazón, ira, frustración y rencor. Cuando nos aferramos a lo sucedido, cuando no dejamos ir esas emociones y sentimientos, nos convertirmos en sus esclavos. 

En este sentido, un estudio llevado a cabo en la Universidad de Harvard reveló que pasamos el 47% de las horas que permanecemos despiertos pensando en lo que nos ha ocurrido o lo que nos podría ocurrir. Esa “mente errática” es la causa de que nos preocupemos excesivamente y de nuestra infelicidad. El mejor antídoto es centrarse en el presente y experimentar gratitud por lo que tenemos y lo que somos. Así lograremos restarles impacto a las experiencias negativas y alcanzar el equilibrio.

- Elimina todo lo innecesario

Leonardo da Vinci dijo “la simplicidad es la máxima sofistificación”, y no andaba desacertado. A lo largo de nuestra vida cargamos con muchas cosas, que solo sirven para generar caos y abrumarnos. Cuando te das cuenta de que puedes vivir sin ellas y ser aún más feliz, logras valorar más lo que tienes y te liberas de un gran peso. 

Eliminar todo lo innecesario también se refiere a los sentimientos, creencias, estereotipos o sueños que no te pertenecen y que solo son un obstáculo. Cuando mires dentro de ti, te asombrará descubrir que muchas de las frases de tu diálogo interior realmente no son tuyas sino que ta las han inculcado. Haz una limpieza mental y deshazte de las emociones que te dañan, como el resentimiento por un viejo suceso, la angustia por algo que probablemente nunca ocurrirá y el miedo a perder lo que tienes. Si vamos más ligeros de equipaje no solo podremos llegar más lejos sino que también disfrutaremos más del viaje.

VICTIMISMO CRÓNICO: CUANDO FUNCIONAS EN "MODO QUEJA"

Todos, en algún que otro momento, hemos asumido el papel de víctimas. Sin embargo, hay personas que se convierten en víctimas permanentes, sufren lo que podríamos considerar como un “victimismo crónico”. Estas personas se disfrazan de falsas víctimas, ya sea de forma consciente o inconsciente, para simular una agresión inexistente y, de paso, culpar a los demás, liberándose de toda responsabilidad.

En realidad, el victimismo crónico no es una patología, pero podría desembocar en un trastorno paranoide, cuando la persona insiste en culpar continuamente a los demás de los males que padece. Además, esta forma de afrontar el mundo, de por sí, conduce a una visión pesimista de la realidad, que produce malestar, tanto en la persona que se queja como en quien recibe la culpa.

En muchos casos, la persona que abraza el victimismo crónico termina alimentando sentimientos muy negativos, como el resentimiento y la ira, que desembocan en un victimismo agresivo. Es el típico caso de quien no se limita a lamentarse sino que ataca y acusa a los demás, mostrándose intolerante y vulnerando continuamente sus derechos como personas.

Radiografía de una víctima crónica

- Deforman la realidad. Este tipo de personas creen firmemente que la culpa de lo que les sucede es de los demás, nunca es suya. En realidad, el problema es que tienen una visión deformada de la realidad, poseen un locus de control externo, y creen que tanto las cosas positivas como las negativas que ocurren en su vida no dependen directamente de su voluntad, sino de las circunstancias externas. Además, sobredimensionan los aspectos negativos, desarrollando un pesimismo exacerbado que les llevan a centrarse solo en las cosas negativas que les suceden, obviando las positivas.

- Hallan consuelo en el lamento. Estas personas creen que son víctimas de los demás y de las circunstancias, por lo que no se sienten culpable ni responsables de nada de lo que les sucede. Como resultado, lo único que les queda es lamentarse. De hecho, suelen encontrar placer en el acto de quejarse porque así asumen mejor su papel de "pobres víctimas" y logran llamar la atención de los demás. Estas personas no piden ayuda para solucionar sus problemas, solo se lamentan de sus desdichas en la búsqueda desenfrenada de compasión y protagonismo.

- Buscan culpables continuamente. Las personas que asumen el papel de víctimas eternas, desarrollan una actitud recelosa, suelen creer que los demás siempre actúan de mala fe, solo para ponerles la zancadilla. Por eso, suelen tener un afán casi morboso por descubrir agravios nimios, sentirse discriminados o maltratados, solo para reafirmar su papel de víctimas. Así, terminan desarrollando una hipersensibilidad y se convierten en especialistas en formar una tormenta en un vaso de agua.

- Son incapaces de realizar una autocrítica sincera. Estas personas están convencidas de que no tienen la culpa de nada, por lo que no hay nada que criticar en sus comportamientos. Como la responsabilidad es de los demás, no aceptan las críticas constructivas y, mucho menos, realizan un examen de conciencia a fondo que les lleve a cambiar su actitud. Para estas personas, los errores y defectos de los demás son intolerables, mientras que los propios son una simple sutileza. Después de todo, las víctimas son ellos.

¿Cuáles son sus estrategias?

Para que una persona pueda asumir el papel de víctima, tiene que haber un culpable. Por tanto, debe desarrollar una serie de estrategias que le permitan lograr que la otra persona asuma la culpabilidad en el asunto. Si no somos conscientes de estas estrategias, es probable que caigamos en sus redes y que incluso estemos dispuestos a cargar con toda la culpa sobre nuestras espaldas.

1. Retórica victimista

Básicamente, la retórica de esta persona se dirige a descalificar los argumentos de su adversario. Sin embargo, en realidad no refuta sus afirmaciones con otros argumentos que sean más válidos, sino que se encarga de que la otra persona asuma, sin darse cuenta, el papel de atacante. 

¿Cómo lo hace? Simplemente asume el rol de víctima en la discusión, de forma que la otra persona quede como alguien autoritario, poco empático o hasta agresivo. Es lo que se conoce en el ámbito de la argumentación como “retórica centrista” ya que la persona se encarga de mostrar a su adversario como un extremista, en lugar de preocuparse por refutar sus afirmaciones. De esta manera, cualquier argumento que esgrima su adversario, será solo una demostración de su mala fe. 

Por ejemplo, si una persona se atreve a contrastar una afirmación con un hecho irrefutable o con estadísticas provenientes de fuentes fiables, la víctima no le responderá con hechos sino que dirá algo así como: “Siempre me estás atacando, ahora dices que miento” o “Estás intentando imponer tu punto de vista, haz el favor de disculparte”.

2. Retirada victimista

En algunos casos, el discurso de la víctima está dirigido a eludir su responsabilidad y evitar tener que disculparse o reconocer su error. Por eso, intentará escabullirse de la situación. Para lograrlo, su estrategia consiste en desprestigiar el argumento del vencedor, pero sin llegar a reconocer que estaba equivocado.

¿Cómo lo hace? Una vez más, asume el rol de víctima, juega con los datos a su antojo y los manipula a su conveniencia con el objetivo de sembrar la confusión. Básicamente, esta persona proyectará sus errores en el otro.

Por ejemplo, si una persona le responde con un dato comprobado, que niega su afirmación anterior, la víctima no reconocerá su error. En todo caso, intentará hacer una retirada digna y dirá algo así como: “Ese hecho no niega lo que he dicho. Por favor, no cree más confusión y caos” o “Me está culpando de confundir a los demás, no tiene educación, es evidente que es inútil discutir con usted porque no atiende a razones”, cuando en realidad quien crea el desconcierto es él mismo. 

3. Manipulación emocional

Mujer con sombrilla bajo lluviaUna de las estrategias preferidas de las víctimas crónicas es la manipulación emocional. Cuando esta persona conoce bastante bien a su interlocutor, no dudará en echar mano al chantaje emocional para poner el tablero a su favor y adoptar el rol de víctima. De hecho, estas personas son muy hábiles reconociendo emociones, por lo que utilizan cualquier resquicio de duda o culpa en su beneficio.

¿Cómo lo hacen? Descubren el punto débil de su adversario y explotan la empatía que este puede sentir. De esta forma, terminan envolviéndole en su tela de araña, para que esa persona adopte toda la responsabilidad y el papel de verdugo, mientras ellos se quedan cómodos en su rol de víctimas y pueden seguir lamentándose.

Por ejemplo, una madre que no quiere reconocer sus errores, puede poner la culpa en el hijo diciendo cosas del tipo: “Con todo lo que he hecho por ti, y así me pagas”. Sin embargo, este tipo de manipulación también es muy común en las relaciones de pareja, entre amigos e incluso en el ámbito laboral.

¿Cómo enfrentar a este tipo de personas?

El primer paso consiste en darse cuenta de que estamos ante una persona que asume el rol de víctima. Luego, se trata de resistir el embate y no dejar que nos enrede en su juego. Lo más sensato es decirle que no tenemos tiempo para escuchar sus lamentaciones, que si quiere ayuda o una solución, con gusto le ayudaremos, pero que no estamos dispuestos a perder tiempo y energía escuchando continuamente sus quejas.

Recuerda que lo más importante es que estas personas no te arruinen el día descargando en ti su dosis de negatividad y, sobre todo, que no te hagan sentir culpable. No olvides que solo te puede herir emocionalmente, aquel al que le des suficiente poder.

RESEÑA WONDER WOMAN

NO QUIERO SER SOLAMENTE GUAPA

Resultado de imagen para MUJER PENSANDOQuiero que me dejes de llamar guapa,
Quiero que cuando pienses en mí… pienses en muchas más cosas.
Quiero ser intrigante y compleja.
Quiero ser diferente y distinta del resto, quiero destacar y también encajar.
Quiero ser amigable y dispersa, astuta y de vez inocente.
Conmovedora y digna de admirar.
Un secreto, una nota.
Un destino, una prescripción, una obra del desierto.
Quiero que reconozcan mi voz, mi olor…
que sepan mi nombre y la forma de mis manos.. el tamaño de mi espíritu.
Una pieza de arte que sea indescifrable y a la vez interesante
Quiero ser más que tu taza de té…
Quiero ser profunda y estar completa de capas por descubrir
Quiero ser rebelde y a la vez acatada
Quiero ser llamada interesante o inteligente, desafiante o de lengua mordaz. Quiero que me reconozcan por ser intensa y sarcástica.
Quiero que sepan que tengo carácter fuerte pero que no tengo miedo a ser sensible.
Quiero construir y reconstruir, quiero que sepan que quiero generar y alzar la voz.
Quiero ser un grafiti en el cielo.
Un temblor en la tierra, las risas y enojos.
Quiero ser la sangre de mi país, el silencio de mi gente.
Quiero ser miel en corazón y tinta sin borrones.
Quiero ser tiempo que no se detiene, el mejor minuto.. el día esperado.
Quiero ser el vuelo perdido, el beso no dado y el anhelo.
Quiero ser un suspiro, una sonrisa, una verdad.
Más que un molde, más que una palabra que describa el diccionario.
Quiero ser mi cita favorita, mi verso predilecto, mi canción feliz.
Un silencio.
Un cuento.
Un poema.
Los rizos de mi cabeza, los tacones de 13 centímetros.. y más que eso.
Quiero ser mi altura, mis amigos y seres queridos
Quiero ser la astuta y aventurera, la intimídate y complaciente… loca de remate
Quiero ser yo,
Y quiero ser reconocida por eso…
No quiero ser solamente guapa.

LÉASE EN CASO DE EXTRAÑARLO

Resultado de imagen para CARTAEsta carta es para el amor de mi vida, esta carta la escribí en uno de esos días de melancolía, cuando tuve una recaída a ti, a nosotros, a lo que éramos.
‘’A veces extrañas tanto a alguien que olvidas que estás mejor sin él.“
Cuando vi esta frase por primera vez me golpeó de frente… tenía tanta razón, había un sinnúmero de noches en donde extrañaba las pláticas que solíamos tener y los detalles que tenías conmigo.
Luego recordé cómo inició todo y pensaba ‘’me gustaría volver al primer momento en que te vi, a la primera vez que te besé, a leer todo eso que me escribías’’, pero me di cuenta que regresar ahí supone volver al mismo punto en el que estoy hoy, es decir, para volver a vivir todo lo bueno tendría que sentir de nuevo todo lo malo, e incluir cuando terminamos, por eso decidí que mejor no lo quiero.
Si que me mandes unos buenos días significa volver a esperar a que aparezcas cada vez que se te antoja y volverme a abandonar cuando más te necesito.
Si un abrazo tuyo significa que de nuevo me tendrías mendigando por tu amor, si un beso tuyo siguiera teniendo el mismo sabor a incertidumbre.
Si volver a escuchar un te amo de tus labios significa regresar a esas noches larguísimas llenas de dolor, autorreproche, llenas de cuestionamientos e impotencia.
Si estar contigo es regresar con esa persona que teme al amor y sólo recibir fracciones de una relación que da vueltas en tus dudas y miedos…
 quédatelo no lo quiero.
Es momento de marcharme, de dejar de escucharte, de leerte, de pensarte, es momento de dejar en el pasado aquellas frases que me decían que me necesitabas, cuando más que una pareja necesitabas ayuda profesional.
Es momento de cancelar mis demandas hacia ti y hacia mi, hacia un nosotros que jamás fue, necesito lidiar con aquello que ya no está y tolerar que todo se quebró para ser lo suficientemente fuerte, para soportar la conciencia de todo aquello que no pudimos ser.
Es cierto, el futuro da miedo y estar sin ti me daba pavor, pero no podemos volver al pasado sólo porque ya sabemos como es, sí es tentador, pero siempre es un error.
Y no, no te confundas, esta carta no es para ti, esta carta es para el verdadero amor de mi vida, la persona que se quedó cuando tu te fuiste, quien me ayudó a salir adelante cuando peor estaba, esta carta es para quien me hizo ver que no dejaste vacíos cuando te marchaste, para quien me enseñó que no te necesitaba como alguna vez pensé, es para quien me aceptó como soy, esta carta es para mí. 

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