OJOS QUE NO VEN, CORAZON QUE SE EQUIVOCA...

Emilia era una chica sobresaliente. Empezando la universidad conoció a Adrián, aunque no era el más guapo de sus pretendientes, tenía una gran habilidad para hacerla sentir linda, por eso ella pensó que si alguien podía amarla era él, así que aceptó ser su novia. 
Los primeros meses fueron de ensueño, pero con el tiempo las cosas fueron cambiando, Adrián demandaba su atención al punto de que si por alguna razón ella no podía verlo, él se mostraba muy molesto y celoso. Cada vez las discusiones eran más acaloradas, así que Emilia se esforzaba por calmarlo y complacerlo siempre, especialmente porque cuando peleaban, él en su frustración alzaba la voz, golpeaba la pared, o arrugaba y rompía las hojas de sus cuadernos. 
Las reacciones de Adrián la asustaban un poco, así que prefería alejarse de él hasta que estuviera más tranquilo, aunque en el fondo ansiaba el momento en que él apareciera por la puerta de su casa, arrepentido y pidiendo perdón por su conducta, para convencerla de que actuaba así porque “la amaba demasiado”, y ella pudiera arrojarse a sus brazos, olvidar el mal rato y continuar con su historia de amor. En esa etapa del noviazgo, Emilia y Adrián estaban, sin saberlo, adentrándose en un cíclo de violencia sumamente dañino para su relación. Él, como agresor cometiendo acciones de solapada intimidación hacia Emilia, ella, como víctima, cediendo su voluntad ante la manipulación y volviéndose emocionalmente dependiente de Adrián. Si se es observador, se podrá notar que en la gran mayoría de casos de violencia conyugal, desde el noviazgo se han dado los primeros indicios de las 3 etapas principales del círculo de la violencia que son: 
Fase de tensión, celos, desconfianza o cualquier desacuerdo genera un malestar entre la pareja, que si no se sabe manejar adecuadamente avanza hacia la segunda etapa: Fase de agresión, en éste momento crítico la persona violenta pierde el control en mayor o menor grado, se altera y agrede verbal, emocional o físicamente. La víctima, aunque en un principio se resista al maltrato, con el tiempo aprende a que si lo hace saldrá más lastimada, así que pronto se limita a someterse, suplicar o a escapar de la manera que pueda mientras su agresor termina de descargar su ira. 
Después del evento violento, la brecha que se abre entre la pareja resulta tormentosa, así que procurarán avanzar hacia la Fase de arrepentimiento, también llamada “luna de miel”. En ésta etapa el agresor pide perdón, pero por lo general su discurso también está acompañado de frases controladoras como: “por qué tienes que provocarme a esto” o, “tienes que ayudarme, si pusieras mas de tu parte esto no sucedería”. 
La reconciliación tiene un sabor dulce, pero es temporal, porque el problema en realidad no está resuelto, en cuanto la fase de luna de miel se enfría, la etapa de tensión vuelve y el ciclo empieza de nuevo. La violencia en cualquiera de sus formas (física, verbal, psicológica, económica) deja secuelas fuertísimas en las personas adultas, pero sobre todo en los hijos de éstas parejas, que no tienen culpa de nada pero lo terminan sufriendo todo. 
 Emilia se casó con Adrián, pero con el tiempo, los golpes dejaron de ser para la pared y empezaron a ser para ella, cuando se sintió tan arrugada y maltratada como las hojas de los cuadernos de Adrián en sus peleas de noviazgo, se dio cuenta que tuvo la oportunidad de salir a tiempo del pantano en que se había hundido, ¡si solo hubiera sido más observadora!, pero le resultó más romántico cerrar los ojos y confiar en su corazón. 
Años después, para proteger su vida, y a su hijo del trauma de crecer dentro de un hogar violento, tomó la decisión que postergó por tanto tiempo, ahora no tiene un esposo, pero está viva, tuvo que aprender de una manera dolorosa que “ojos que no ven, corazón que se equivoca”. 
La mayoría de personas con patrones de conducta compulsivos y violentos da señales de ello desde el principio de una relación, si tu sospechas que en tu noviazgo hay señales de violencia de cualquier tipo, no las ignores, abre bien los ojos, tu pareja puede ser un agresor, y más vale una separación a tiempo, por dura que sea, que sacrificar la vida entera y la de tus futuros hijos en una relación insana e infeliz. 

 “Engañoso es el corazón, más que todas las cosas…” Jeremías 17:9

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