LO QUE NADIE TE CUENTA DE LA COPA MENSTRUAL

La copa menstrual se ha vuelto una bendición para muchas mujeres alrededor del mundo. En cada blog que una visita para conocer opiniones de otras usuarias, se hablan maravillas de este artefacto que suple a las toallas y directamente al tampón. Es cómoda, ergonómica, higiénica, ecológica, económica… Parecen solo haber ventajas en el uso de la copa y entonces no lo pensamos dos veces para sustituir los tampones por esta opción que parece ser lo que cada mujer ha estado buscando.
Así que en la primera oportunidad que tuve compré mi copa menstrual. De verdad estaba entusiasmada de hacer este cambio radical que prometía que mis períodos fueran menos incómodos de lo que habían sido hasta ahora. Una de las cosas que más me entusiasmaba era dejar de comprar tampones y dejar de poner en contacto con mi piel químicos y pesticidas que trae el algodón con el que las toallas y los tampones son hechos. Me quedé en espera de que llegara mi siguiente periodo para probar de lo que todas “las mujeres de la copa” presumían tanto.

LLEGÓ EL MOMENTO ESPERADO

Pues bien, mi periodo llegó y puse a hervir mi copa de plástico como marcaban las instrucciones. Esta venía con un instructivo que explicaba gráficamente cómo colocártela que parecía relativamente sencillo. No me fue poco familiar este diagrama pues ya lo había visto antes en internet, así que solo fue cuestión de revisarlo bien antes de hacerlo en carne propia.

EL INCÓMODO MOMENTO CUANDO ALGO NO ESTÁ ERGONÓMICAMENTE DISEÑADO PARA ENTRAR A TU VAGINA

Nunca tuve problemas para introducirme un tampón. La verdad, es que estos están diseñados para ir abriéndose paso en la cavidad vaginal gracias a su aplicador de flor. Además, este mismo aplicador impide que tengas que introducir tus dedos y es un diseño práctico, funcional y cómodo por donde lo veas. Por otro lado, la copa menstrual es todo menos esto. En primera tienes que hacerle un doblez para poderla introducirla en tu vagina. Es necesario mantenerla en esta forma hasta que esté en su lugar. Momento en el cual puedes soltarla para que se abra dentro de la cavidad. La realidad dista de esto. Recordemos que la vagina es una cavidad “virtual”, o sea, esta se “hace” o “abre” conforme se le va introduciendo un objeto. Así, un objeto sin una punta redondeada va a ser muy difícil de introducir sin sufrir un poco.

NO DESISTÍ

Pues decidí que si otras mujeres lo habían hecho, yo podía hacerlo. Doble mi copa y comencé a introducirla. El problema es que una vez que lograba introducirla un poco, era imposible para mi seguir sosteniéndola en el doblez. Esta se abría de golpe saliéndose y “desandando lo andado”. Lo intenté una y otra vez, probé diferentes posiciones. Entre ellas con rodillas abiertas y flexionadas, una pierna sobre el retrete… después sobre la pared. Me pasaba una y otra vez lo mismo, lo peor es que cada vez que se abría salpicaba de sangre mi baño… eso no te lo dicen por ningún lado. La cosa es que era muy difícil introducir copa más dedo índice, anular y pulgar dentro de mi vagina. Al final, después de 25 minutos de batalla lo logré.

UNA VEZ ADENTRO…

Debo decir que una vez adentro no se sentía nada y fue super cómoda. Incluso pude dormir con ella. No sentí ninguna incomodidad en ningún momento, hasta olvidé que la tenía puesta.

LA HORA DE SACARLA

Traté de posponer ese momento lo más que pude, así que cuando ya no contenía mi flujo supe que era el momento que había temido. Era hora de sacarla y de verdad esperaba que fuera más sencillo que introducirla. Me acomodé sobre el excusado pues a la hora de sacarla sale todo tu flujo menstrual contenido en ella. Debes volver a introducir tu dedo índice, anular y pulgar para tomar la punta de la copa y jalar.
Eso intenté cuando, ¡oh, sorpresa! La copa estaba haciendo vacío y no la podía jalar sin sentir cómo me succionaba. ¡Fue una sensación horrible! En ese momento entré en pánico, creí que solo lastimándome esa endemoniada copa iba a salir. Pensé que si lograba romper ese vacío la copa iba a salir sin problemas. Esto significaba presionar el cuerpo de la copa para que liberara aire y yo la pudiera jalar. Entonces debía introducir mis dedos aún más. Me costó 35 minutos, seis posiciones diferentes, mucha desesperación y angustia, pero lo logré. Una vez que rompí el vacío salió bastante fácil y mi baño (excusado y lavabo) parecían una escena del crimen. Mal que bien, la copa estaba fuera y yo podía respirar tranquilamente… y ponerme una toalla.
Lavé mi copa y la guardé, esperando que dentro de 28 días volviera a tomar coraje para usarla… Eso aún no ha sucedido.
    La única respuesta que he encontrado a mi terrible experiencia comparada con la de otras mujeres es mi fisionomía. Quizá soy demasiado estrecha o como sugiere el instructivo debería usar algún lubricante para introducirla. Así pues, que mi experiencia no te disuada de probarla. Trae beneficios para tu cuerpo, el ambiente y tu economía, pero de igual manera te quería compartir con lo que te puedes encontrar.
USTEDES HAGAN LA PRUEBA, PERO LO QUE ES CIERTO, ES QUE ANATÓMICAMENTE NO ES MUY FUNCIONAL...

1 comentarios:

Martuchis dijo...

Me dolió nada más de imaginar... La verdad es que como dices se hablan maravillas, pero creo que cada mujer tendrá su propia experiencia. Yo nunca me adapté a los tampones y creo que si probara con la copa sería en un lapso menos prolongado y estando en casa.

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