HASTA AQUI!


Hay semanas en las que uno siente que se está preparando para la batalla de las batallas. Cada quién sabe cuál es la propia. Y se vive como una convicción de que no podemos seguir adelante sin tomar algunas decisiones.

Me parece que estos momentos son esos que, entretejidos, definen el rumbo de nuestra vida y tienen que ver para empezar, con cosas como seguir viviendo en el mismo lugar o cambiarse de casa, seguir con la pareja amorosa o terminar la relación, cambiar a los hijos de escuela, darle un giro a la vida laboral, retomar o iniciar un entrenamiento para correr un maratón antes de los 40.

Lo específico de las decisiones no es lo que hoy quiero enfatizar. Lo importante de estos procesos de cambio y movimiento, es la claridad que de pronto sentimos sobre la necesidad de replantear la vida y el sentido que tiene.

Sentido de vida es un concepto usado sobre todo en la logoterapia, creada por Victor Frankl que escribió un libro que casi todo mundo ha leído: "El hombre en busca de sentido" y que en lo fundamental plantea algo que se describe bien con la frase de "si tienes un por qué, encontrarás el cómo".

Más allá del optimismo de esta frase que se puede quedar en una más de esas expresiones motivacionales que se desgastan y terminan por no movernos ni una fibra de la mente ni del corazón, es un llamado urgente a tomar postura en la vida. A definir qué queremos y qué no, qué cosas nos importan y cuáles no, qué áreas de nuestra vida están lastimadas y requieren de reparación, qué relaciones o prácticas relacionales se han vuelto inaceptables dentro de mi familia de origen, con mis hijos, con mi pareja o con mi jefe.

No se vale no tomar postura. De eso nos acusan a los mexicanos muchos expertos en historia de México. Marchas van y vienen pero al final, quienes se comprometen como ciudadanos son minoría y aunque éste no es el tema del artículo sí quiero mencionarlo porque a veces no puedo creer lo que veo en la calle. Minorías luchando porque no se hagan obras viales absurdas que sólo benefician económicamente a quienes requieren dinero para campañas presidenciales. Y la mayoría, en silencio. Tampoco puedo creer el basurero en el que quedó convertido el estadio azteca después del concierto de U2. Que lo limpien otros, porque yo ya pagué por mi boleto supongo que piensa la gente en estas circunstancias cuando hacerse cargo de la basura que uno genera es el mínimo acto de responsabilidad personal.

Consumimos lo que sea, leemos cualquier periódico por malo que sea, escuchamos a comunicadores mediocres que claramente no cuestionan nada, porque tienen miedo de volverse demasiado incómodos. Vemos telenovelas basura, talk shows basura donde se lacera la dignidad humana, somos incapaces de reconocer que nos estamos equivocando como padres cuando descubrimos que nuestro hijo está deprimido y no hacemos nada más que sufrir.

Nos sorprendemos de tener una relación miserable con la pareja de años, cuando nos hemos dedicado a ignorarle, a maltratarle o cuando hace años que dejamos de tener una vida sexual placentera. Y un mal día se nos viene todo encima, como si no fuéramos responsables de lo que nos está pasando.

La vida es una vorágine de eventos, de emociones, de decisiones que tomar. Los niños y los adolescentes están preparándose para ella, pero nosotros como adultos, lo estamos haciendo muy mal. Sí, generalizo. Hablo desde mi experiencia en escuelas para padres en las que sigo escuchando a padres de familia decir que si una adolescente se embaraza es su culpa y no la del chavo que la embarazó, porque los hombres no pueden controlar su sexualidad. Lo digo porque veo todos los días entrar a mi consultorio a mujeres que llevan años creyéndose las mentiras que sus parejas les cuentan, perdonando violencia emocional, física, económica e infidelidades... y un día se dan cuenta de que se sienten solas, violentadas y no amadas. Porque también veo hombres que están asustados porque ya no saben lo que significa ser hombres y lo que se espera de ellos, pero son incapaces de reconocerlo. Lo digo porque de verdad la vida vecinal apesta. En el elevador del edificio donde vivo siempre hay alguien dispuesto a un pequeño acto de vandalismo como tirar basura en él, ensuciarlo o ya de plano meterle un rayón con una llave.

Sé que estoy hablando de muchas cosas, pero es que tomar postura es una asunto sistémico que todo lo abarca. Yo, primero que nadie, tengo que saber qué quiero y que no quiero en la vida, a qué aspiro, por qué cosas vale la pena quemarse las pestañas, desvelarse, morirse en la raya y por cuales no. Separar lo vano de lo importante, enfrentar nuestra forma de ser madres y padres y cambiar si es necesario, resolver nuestras diferencias de pareja o decidirnos si la cosa es grave, a terminar la relación. Trabajar con los vecinos para encontrar y poner un límite a quien maltrata la propiedad de todos, ir a las marchas a expresar que #estamoshastalamadre, pero no sólo eso sino seguir en contacto con lo que en éstas se propone y estar dispuestos a dar tiempo a las causas valiosas. Pero la verdad, con que cada uno fuera un poco menos conformista, más claro y más valiente e hiciera esas cosas que lleva años posponiendo, la situación cambiaría radicalmente.

No se cómo llegué hasta aquí dicen muchos. Yo sí: tomando malas decisiones, evadiendo la realidad, negando el dolor, culpando a los otros de lo que es mi responsabilidad y siendo mediocre para vivir mi vida.

Así que, pregúntate en este momento en qué crees, qué quieres para ti, para los que amas, qué defectos de tu personalidad urge que cambies, a qué estás dispuesto por defender lo que valoras. Empieza ahora, piedra por piedra. Mañana, podríamos estar muertos.

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