MUJERES DE DICTADORAES

Perfiles de Fidel Castro, Augusto Pinochet, Ferdinand Marcos, Alberto Fujimori, Jorge Rafael Videla y Slobodan Milosevic a través de los retratos de sus mujeres.

Los conflictos entre el machismo y el feminismo, o viceversa, están lejos de apaciguarse y, es probable que no tengan solución, como los problemas de infidelidad entre mujeres y hombres. Porque el meollo de la cuestión remite a la esfera del poder y, en ese terreno, cuando se trata de conductas que definen el dominio del uno por el otro, el debate es inagotable. Ocurre con las mujeres de los dictadores, donde los tráficos de influencias van en los dos sentidos, y las percepciones son múltiples. 

Existen distintas referencias, comenzando por aquello que detrás de un gran hombre hay una gran mujer, alimentado por el dicho que tanto gusta a los franceses, de buscar la mujer que necesariamente debe rondar cerca de un hombre cuando se quiere explicar el comportamiento de alguno bien parecido y exitoso. Llevando esa presunción al extremo podría inferirse que la compañera sentimental de lo peor -la de un sátrapa- debería ser también de lo peor, como si las mujeres de los tiranos pudieran clonarse, en línea con un denominador común que obligatoriamente tendría que caracterizarlas.

La realidad, sin embargo, no va en esa dirección, al menos con los dictadores crepusculares del siglo pasado, de cuyo muestrario han sido puestos bajo la lupa de este libro Fidel Castro, Augusto Pinochet, Ferdinand Marcos, Alberto Fujimori, Jorge Rafael Videla y Slobodan Milosevic, relatando la vida de sus mujeres. No encontré un ADN que las homogeinice, lo cual simplificaría el análisis suponiendo que para ser esposa o amante de un dictador se impone un perfil determinado, hipotéticamente precipitado en una probeta. Rompiendo con los modelos, ni las feministas tiene razón cuando se mofan de la nefasta superioridad que pretenden los hombres, alegando socarronas que al costado o por delante de un hombre brillante hay una mujer sorprendida, dando a entender que si ese hombre ha logrado conquistar lo codiciado, ha sido posible gracias a una mujer mejor que él. 

Tampoco a los machistas los asiste la equidad cuando suelen descargar una parte del fardo de la prueba estimando que si un dictador es una porquería , su mujer debe asimismo serlo y por ende hay una parte de la responsabilidad que indefectiblemente le corresponde a ella. Una vez más las relaciones humanas no se explican en abstracto sino en concreto, las responsabilidades son individuales y, en los casos indagados, me convencí que, entre las intimas acompañantes de los dictadores, hay un poco de todo.

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