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LILY ROSE LEE



Tenía 21 años. El hombre que la secuestró controló cada aspecto de su vida durante casi once años.


Las autoridades creyeron que simplemente se había marchado por voluntad propia. Su caso de desaparición fue archivado aproximadamente quince meses después, mientras ella seguía cautiva en la casa de su secuestrador.


Después desaparecieron otras dos jóvenes.


Todo el país las buscó.


A Michelle Knight, casi nadie.


El 22 de agosto de 2002, en Cleveland, Ohio, Michelle Knight se dirigía a una cita relacionada con la custodia de su hijo cuando Ariel Castro, conductor de autobús escolar y padre de una joven que ella conocía, le ofreció llevarla. Michelle aceptó el viaje y nunca volvió a casa.


No hubo grandes operativos de búsqueda.


No hubo una amplia cobertura mediática.


Su caso terminó perdiendo atención con el paso del tiempo.


Dentro de la casa de Castro sufrió años de abusos. Quedó embarazada en varias ocasiones, pero las agresiones provocadas por su captor hicieron que perdiera todos los embarazos. Él le repetía constantemente que nadie la estaba buscando.


Ocho meses después desapareció Amanda Berry, de 16 años. Un año más tarde desapareció Gina DeJesus, de 14.


Sus casos movilizaron a la comunidad y recibieron una enorme cobertura nacional.


El de Michelle, no.


El día de Navidad de 2006, Amanda Berry dio a luz dentro de la casa. Sin formación médica y bajo amenazas de muerte por parte de Castro, Michelle asistió el parto y, cuando la bebé dejó de respirar, logró reanimarla mediante respiración de rescate.


La niña sobrevivió.


El 6 de mayo de 2013, Amanda encontró una puerta sin asegurar, escapó junto a su hija y pidió ayuda. La policía llegó rápidamente y rescató ese mismo día a Michelle Knight y Gina DeJesus.


Mientras Amanda y Gina regresaban con familias que jamás dejaron de buscarlas, Michelle salía de aquella misma casa hacia un mundo que apenas conocía su nombre.


Ariel Castro fue arrestado, se declaró culpable de cientos de cargos de secuestro, violación y otros delitos, y fue condenado a cadena perpetua sin posibilidad de libertad condicional, además de una pena adicional de mil años. Un mes después murió por suicidio en prisión.


Michelle decidió que el silencio no definiría el resto de su vida.


Cambió legalmente su nombre a Lily Rose Lee para simbolizar un nuevo comienzo.


Escribió dos libros autobiográficos de gran éxito.


Fundó la organización Lily's Ray of Hope para apoyar a sobrevivientes de abuso, violencia doméstica y trata de personas.


Y el 6 de mayo de 2016, exactamente tres años después de recuperar su libertad, contrajo matrimonio.


Hoy dedica gran parte de su tiempo a visibilizar una pregunta difícil: ¿por qué algunas personas desaparecidas reciben una búsqueda masiva mientras que otras son olvidadas tan rápidamente?


Su historia recuerda que factores como la pobreza, los problemas familiares o la situación personal pueden influir en la atención que recibe una desaparición.


Michelle Knight sobrevivió a casi once años de cautiverio.


Hoy, convertida en Lily Rose Lee, utiliza su voz para ayudar a otras personas y para recordar que ninguna víctima debería ser invisible.



LEONA VICARIO




Hoy, 21 de agosto, se cumple un aniversario de la muerte de Leona Vicario, y quiero decir algo incómodo: seguimos recordándola mal. La convertimos en un nombre de calle, en una figurita sentimental, en "la esposa de Andrés Quintana Roo". Y le hacemos, dos siglos después, exactamente lo mismo que le hicieron en vida: reducir a una de las mentes más formidables de la Independencia a una mujer que, pobrecita, actuó por amor.


Empecemos por los hechos, porque son enormes. Leona Vicario era una criolla rica, huérfana y heredera, y podía haber vivido cómodamente el resto de sus días. En cambio, usó su fortuna para financiar la insurgencia: compró armas, sostuvo a los rebeldes, pasó información, reclutó armeros. Cuando la descubrieron, la encarcelaron, la interrogaron, y se negó a delatar a un solo compañero. Perdió su dinero, su casa, su seguridad, y se fue a vivir la guerra a salto de mata. No siguió a un hombre a la guerra. Puso su fortuna y su vida al servicio de una idea.


Y aquí viene la parte que deberíamos gritar en cada aula. Años después, ya consumada la Independencia, uno de los grandes intelectuales del país, Lucas Alamán, la menospreció por escrito, insinuando que todo lo que había hecho por la patria lo había hecho, en realidad, por amor a Quintana Roo. La típica jugada: una mujer no puede haber tenido convicciones, ideas, coraje propio; si hizo algo grande, seguro fue por un hombre.


Leona Vicario no se quedó callada. Le respondió, en la prensa, con una frase que es, para muchos, la primera defensa feminista pública hecha por una mexicana: "Confiese usted, señor Alamán, que no solo el amor es el móvil de las acciones de las mujeres; que ellas son capaces de todos los entusiasmos, y que los deseos de la gloria y de la libertad de la patria no les son unos sentimientos extraños".


Léanla otra vez. En 1831, una mujer le dijo a la cara al hombre más influyente de su tiempo que las mujeres actúan por convicción, por gloria, por libertad, y no solo por amor. Y tenía toda la razón.


Lo terrible es que la batalla que ella ganó en el papel, la seguimos perdiendo en la memoria. Todavía hoy, cuando una mujer hace historia, buscamos al hombre detrás. Todavía reducimos su agencia a su vida sentimental. Todavía convertimos a las heroínas en notas al pie de los héroes.


Así que este 21 de agosto no la recuerden como la esposa de nadie. Recuérdenla como lo que fue: una mujer que financió una revolución, que aguantó la cárcel sin traicionar a nadie, y que, de paso, ganó la primera discusión feminista de este país. Le debemos, por lo menos, dejar de darle la razón a Alamán.

KAREN SILKWOOD



Karen Silkwood tenía 28 años cuando los análisis revelaron que había plutonio en sus pulmones.


Sin embargo, nunca había recibido una formación completa para manipular ese material altamente radiactivo. Era técnica de laboratorio en la planta de combustible nuclear de Kerr-McGee, cerca de Crescent, Oklahoma.


Corría el año 1974.


Y su vida estaba a punto de cambiar para siempre.


Cómo empezó todo


Karen fue contratada en 1972 para trabajar en una planta donde se fabricaban barras de combustible con plutonio destinadas a reactores nucleares.


Ese mismo año se afilió al sindicato y, en agosto de 1974, fue elegida para formar parte del comité negociador, donde comenzó a investigar las condiciones de seguridad de la planta.


Lo que encontró era preocupante.


Respiradores defectuosos.


Problemas de contaminación.


Irregularidades en los controles de calidad.


Y denuncias de que algunas radiografías utilizadas para inspeccionar soldaduras de las barras de combustible habían sido retocadas para ocultar defectos.


En septiembre de 1974 viajó a Washington para informar de sus preocupaciones a representantes sindicales y a la Comisión de Energía Atómica.


Después regresó a su trabajo y continuó reuniendo documentación.


La contaminación


El 5 de noviembre de 1974 los detectores registraron contaminación radiactiva en su cuerpo.


En los días siguientes, nuevas pruebas siguieron detectando plutonio. Incluso se encontraron rastros de contaminación en su apartamento, lo que dio lugar a una intensa investigación.


Las circunstancias nunca quedaron completamente aclaradas y fueron objeto de una larga controversia.


El último viaje


El 13 de noviembre de 1974, Karen salió conduciendo su automóvil para reunirse con un representante sindical y con el periodista David Burnham, de The New York Times.


Según varios testimonios, llevaba consigo documentos relacionados con las irregularidades que estaba investigando.


Nunca llegó.


Su vehículo abandonó la carretera y se estrelló contra una estructura de hormigón.


Karen murió en el accidente.


Los documentos que supuestamente transportaba nunca aparecieron.


Una muerte llena de preguntas


La investigación oficial concluyó que se trató de un accidente de un solo vehículo.


Sin embargo, desde el principio surgieron dudas.


Un investigador contratado posteriormente por el sindicato señaló indicios que, en su opinión, merecían una revisión más profunda, aunque nunca se obtuvo una prueba concluyente de que otro vehículo hubiera provocado el choque. Décadas después, nuevos análisis independientes siguieron cuestionando algunos aspectos de la versión oficial sin resolver definitivamente el caso.


La batalla judicial


Tras su muerte, la familia de Karen Silkwood demandó a Kerr-McGee por la contaminación con plutonio.


En 1979, un jurado concluyó que la empresa era responsable de los daños sufridos por Karen y concedió una importante indemnización.


Después de varios recursos, el caso llegó al Tribunal Supremo de Estados Unidos.


En 1984, el alto tribunal confirmó que los trabajadores podían reclamar indemnizaciones conforme a la legislación estatal incluso en un sector regulado por la normativa federal sobre energía nuclear.


La decisión se convirtió en un precedente jurídico de enorme importancia para las víctimas de contaminación radiactiva.


Su historia también inspiró la película Silkwood (1983), protagonizada por Meryl Streep.


Décadas después


En 2014, la empresa Anadarko Petroleum, sucesora de Kerr-McGee en determinadas responsabilidades ambientales, alcanzó un acuerdo de 5.150 millones de dólares con el Gobierno de Estados Unidos para resolver reclamaciones relacionadas con contaminación ambiental en distintos emplazamientos del país. Ese acuerdo no determinó responsabilidades sobre la muerte de Karen Silkwood.


En 2024, una investigación de ABC News recuperó grabaciones inéditas, revisó pruebas físicas conservadas durante décadas y volvió a analizar el accidente con especialistas. Aunque surgieron nuevos elementos y se realizaron estudios sobre evidencias conservadas, la causa exacta del accidente sigue sin estar demostrada de forma concluyente.


El legado de Karen Silkwood va mucho más allá del misterio que rodea su muerte.


Representa el valor de una trabajadora que decidió denunciar lo que consideraba fallos graves de seguridad en una de las industrias más sensibles del mundo.


Y también el precedente legal que fortaleció la protección de quienes sufren daños relacionados con la energía nuclear.


Su historia sigue generando preguntas.


Y, medio siglo después, algunas de ellas todavía esperan una respuesta.


Fuente: ABC News ("What Happened to Karen Silkwood? The Lost Tapes", 5 de diciembre de 2024)

QUE LA VERGUENZA CAMBIE DE BANDO

Que la vergüenza y el señalamiento cambien de bando.



LA VALENTIA DE SASHA SOKOL




El caso de Sasha Sokol y Luis de Llano abrió una conversación importante en México sobre las relaciones desiguales entre adultos y adolescentes, así como sobre la responsabilidad que tienen quienes ejercen autoridad dentro del medio artístico.

Sasha ingresó a Timbiriche cuando todavía era menor de edad. Luis de Llano, quien participaba en la creación y producción del grupo, era un adulto con amplia experiencia y tenía influencia directa sobre su carrera. Según lo declarado por la cantante, la relación comenzó cuando ella tenía 14 años y él alrededor de 39.

Durante décadas, esta historia fue presentada públicamente como un supuesto romance. Sin embargo, en marzo de 2022, después de que el productor hablara del tema en una entrevista, Sasha explicó que con el paso del tiempo comprendió que no había existido una relación en condiciones de igualdad. Señaló que, por su edad y por la posición profesional de De Llano, era responsabilidad del adulto establecer límites y protegerla.

La cantante inició posteriormente una demanda civil por daño moral. Los tribunales analizaron tanto la relación ocurrida durante su adolescencia como las declaraciones públicas realizadas años después. En 2023, una resolución judicial determinó que existió una conducta ilícita que le provocó afectaciones y ordenó distintas medidas de reparación, entre ellas una disculpa pública, una indemnización y evitar expresiones que pudieran dañarla nuevamente.

Luis de Llano impugnó la resolución, pero el 25 de junio de 2025 la Suprema Corte de Justicia de la Nación negó el amparo solicitado y dejó firme la sentencia civil.

La decisión adquirió relevancia nacional porque la Corte estableció que las reclamaciones civiles relacionadas con violencia sufrida durante la infancia o adolescencia no deben quedar anuladas simplemente por el paso de los años. Muchas personas necesitan tiempo para comprender lo ocurrido, reconocer sus consecuencias y encontrar las herramientas necesarias para hablar.

La resolución también señaló que no basta con afirmar que una persona adolescente aceptó una relación. Deben considerarse factores como la diferencia de edad, la autoridad, la dependencia emocional, la experiencia y el poder profesional del adulto.

El caso no busca negar que una adolescente pueda experimentar sentimientos auténticos. Lo que establece es que el adulto tiene la obligación de actuar con responsabilidad y evitar involucrarla en una relación desigual, especialmente cuando dirige su carrera o ocupa una posición de confianza.

PETRA HERRERA


México tuvo una heroína que ayudó a conquistar una ciudad durante la Revolución… pero después intentaron borrar su nombre de la historia.


Durante décadas, millones de personas escucharon hablar de Pancho Villa, Emiliano Zapata y los grandes generales de la Revolución Mexicana. Sin embargo, muy pocos conocen a la mujer que arriesgó su vida en algunos de los combates más importantes del conflicto y que llegó a comandar a cientos de soldados.


Su nombre era Petra Herrera, y para poder luchar por su país, primero tuvo que dejar de ser Petra.


En 1913, cuando las mujeres eran excluidas de los rangos militares y relegadas principalmente a tareas de apoyo, decidió disfrazarse de hombre y adoptar el nombre de "Pedro Herrera". 


Mantener aquella identidad falsa no era sencillo. Cada mañana se levantaba antes que los demás soldados y fingía afeitarse para evitar cualquier sospecha sobre quién era realmente.


Aquello le permitió entrar en las filas revolucionarias, pero fue su valentía lo que la hizo destacar. Con el paso del tiempo se ganó una reputación que pocos podían igualar. 


Era conocida por su puntería, su disciplina y especialmente por una habilidad que podía cambiar el resultado de una batalla: destruir puentes y posiciones estratégicas del enemigo utilizando explosivos.


Pronto dejó de ser un soldado más. Dentro de las fuerzas revolucionarias de Pancho Villa se convirtió en una líder respetada, alguien capaz de dirigir hombres en combate y tomar decisiones bajo presión.


Entonces ocurrió algo inesperado.


Cuando ya había demostrado su valor una y otra vez, Petra decidió revelar la verdad. Frente a sus compañeros soltó sus largas trenzas y anunció que era mujer. Muchos quedaron sorprendidos, pero para entonces su capacidad estaba fuera de toda duda. Había ganado el respeto de quienes habían luchado a su lado.


La prueba más importante llegaría poco después.


En mayo de 1914 comenzó la Segunda Batalla de Torreón, uno de los enfrentamientos más decisivos de toda la Revolución Mexicana. La ciudad era un punto estratégico fundamental y su captura podía cambiar el rumbo de la guerra.


Petra no solo participó en aquella operación. Diversos testimonios de la época la señalan como una de las figuras clave de la victoria. Un revolucionario recordaría años después: “Fue ella quien tomó Torreón y apagó las luces cuando entraron en la ciudad.”


En aquella batalla participaron alrededor de 400 mujeres revolucionarias, aunque la historia rara vez habla de ellas. Sin embargo, incluso después de demostrar su liderazgo en uno de los momentos más importantes del conflicto, Petra no recibió el reconocimiento que había ganado.


Pancho Villa se negó a otorgarle el rango de general.


Muchos historiadores consideran que los prejuicios de la época hicieron imposible que una mujer recibiera públicamente el crédito por una participación militar de semejante importancia.


Pero Petra no estaba dispuesta a quedarse de brazos cruzados.


Si no podía avanzar dentro de aquella estructura, construiría la suya propia. Poco después organizó una brigada integrada exclusivamente por mujeres. Algunas fuentes afirman que llegó a dirigir a cientos de combatientes, mientras otras elevan la cifra a más de mil.


Era algo extraordinario para principios del siglo XX.


Mientras gran parte del mundo seguía considerando que las mujeres debían permanecer lejos del campo de batalla, Petra lideraba operaciones militares y demostraba que el valor no dependía del género.


Con el tiempo, la guerra fue cambiando y muchas de aquellas historias comenzaron a quedar en el olvido. Su brigada terminó desapareciendo y gran parte de sus logros dejaron de aparecer en los relatos más conocidos de la Revolución.


Pero Petra todavía no había terminado de servir a México.


Más adelante trabajó como espía para las fuerzas de Venustiano Carranza. Bajo una nueva identidad administraba una cantina en Chihuahua mientras recopilaba información estratégica. Era una labor silenciosa y peligrosa que podía costarle la vida en cualquier momento.


Y finalmente así ocurrió.


Tras ser identificada por varios hombres, fue atacada y sufrió heridas que terminaron complicándose. Poco después perdió la vida cuando apenas tenía alrededor de 28 años.


Hoy, más de un siglo después, Petra Herrera sigue siendo una de las figuras más extraordinarias y menos reconocidas de la Revolución Mexicana.


Desafió las reglas de su tiempo, luchó cuando casi nadie esperaba ver a una mujer en el frente de batalla, lideró combatientes cuando otros creían que era imposible y ayudó a cambiar el rumbo de una de las guerras más importantes de la historia de México.


Quizá la mayor injusticia no fue que le negaran el rango que había ganado con su valentía… sino que una mujer que ayudó a conquistar una ciudad para su país todavía siga siendo una desconocida para gran parte de la nación que ayudó a transformar.



ANTICONCEPTIVOS







 

ACADEMIAS DE VIOL@CION













 

KOSEM


Una niña capturada en Grecia, arrancada de su familia, vendida como esclava en el harén del sultán. Anastasia no tenía nada. Ni apellido, ni tierra, ni futuro. Pero tenía inteligencia. Y en el Imperio Otomano, la inteligencia podía ser más poderosa que las espadas. Aprendió el idioma, las costumbres, las intrigas. Atrajo la mirada del sultán Ahmed I. Se convirtió en su esposa favorita. Le cambió el nombre. Ya no era Anastasia. Era Kösem, "la líder". Cuando Ahmed murió, Kösem no se hundió. Se adaptó. Gobernó a través de sus hijos. Gobernó a través de sus nietos. Gobernó durante décadas, en las sombras, desde el harén. Fue la mujer más poderosa del Imperio Otomano. Hasta que su nuera, Turhan Sultan, la estranguló con su propio velo. Kösem murió. Pero su legado, el del "Sultanato de las Mujeres", quedó para siempre.


En los pasillos dorados del Palacio de Topkapi, una mujer de mirada astuta observaba el juego del poder. Su nombre era Kösem Sultan, y con inteligencia, ambición y estrategia, llegó a ser una de las figuras más influyentes del Imperio Otomano. No nació en la cuna del poder. Llegó a él. Y lo conquistó.


Nació alrededor de 1589, posiblemente en una región de Grecia, con el nombre de Anastasia. Siendo solo una niña, fue capturada por los otomanos y enviada al harén imperial de Estambul, donde su destino cambiaría para siempre. No era una prisionera común. Era una prisionera con potencial.


Bajo la tutela de las damas del harén, Anastasia aprendió el idioma, las costumbres y el arte de la política. Su belleza y carisma llamaron la atención del sultán Ahmed I, quien la convirtió en su esposa favorita y le dio un nuevo nombre: Kösem, que significa "la líder" o "la guía". No era un nombre cualquiera. Era un destino.


Cuando Ahmed I murió en 1617, Kösem quedó en una posición delicada. Las viudas de los sultanes no tenían poder. Eran arrinconadas, olvidadas. Pero Kösem no se dejó arrinconar. Sin embargo, con astucia, supo moverse entre las intrigas del palacio. Ejerció su influencia primero a través de su hijo Murad IV, y luego con Ibrahim I y su nieto Mehmed IV. No gobernaba directamente. Pero los que gobernaban, lo hacían por su voluntad.


Durante el reinado de Murad IV, Kösem actuó como regente, gobernando en su lugar hasta que él alcanzó la mayoría de edad. Aunque Murad se convirtió en un gobernante autoritario, su madre mantuvo el control del harén y la política de la corte. Murad era el sultán. Pero Kösem era la que movía los hilos.


A la muerte de Murad, Kösem ayudó a que su otro hijo, Ibrahim I, ascendiera al trono, pero su gobierno fue inestable. Considerado inestable mentalmente, Ibrahim fue depuesto y ejecutado en 1648, dejando el poder en manos de su hijo, Mehmed IV. Kösem había perdido un hijo. Pero no había perdido el poder.


Una vez más, Kösem asumió la regencia, pero esta vez encontró un obstáculo en Turhan Sultan, la madre de Mehmed IV. Ambas mujeres compitieron por el control del Imperio, y este enfrentamiento selló el destino de Kösem. Turhan era más joven, más ambiciosa, más cruel. No toleraba que una suegra le dictara cómo gobernar.


En 1651, Kösem Sultan fue asesinada en sus aposentos, supuestamente estrangulada con su propio velo por orden de su nuera, Turhan Sultan. No fue una muerte heroica. Fue una muerte de intriga, de traición, de poder. Con su muerte, terminó la era del "Sultanato de las Mujeres", un período en el que las mujeres del harén tuvieron una gran influencia en el Imperio Otomano. Las mujeres volvieron a ser sombras. Los hombres, los únicos protagonistas.


A pesar de su trágico final, Kösem Sultan dejó una marca imborrable en la historia otomana. Fue una gobernante astuta, una diplomática hábil y una benefactora generosa, conocida por su caridad hacia los pobres. Su legado perdura como símbolo de poder, ambición y supervivencia en un mundo dominado por hombres. Kösem no fue una víctima. Fue una estratega. No fue una esclava. Fue una reina.


"Detrás de cada trono, hay una mente que mueve los hilos del destino." – Kösem Sultan. La frase, atribuida a ella, resume su vida. No necesitaba un trono. Necesitaba a los que se sentaban en él. Y los manejaba como títeres. Por eso, cuando los historiadores hablan del Imperio Otomano, hablan de sultanes, de visires, de generales. Pero también deberían hablar de Kösem. Porque sin ella, el imperio habría sido otro. Y ella, sin el imperio, habría sido solo una esclava olvidada.



STANISLAVA LESZCYNSKA

Stanisława Leszczyńska era una partera polaca de la ciudad de Łódź. Era una mujer profundamente católica, de voz suave pero con una voluntad inquebrantable. Cuando los nazis ocuparon Polonia y crearon el gueto judío en su ciudad, Stanisława y su familia arriesgaron sus vidas a diario pasando comida y documentos falsos para ayudar a los judíos a escapar.


Inevitablemente, la Gestapo los descubrió. En abril de 1943, Stanisława y su hija fueron enviadas a Auschwitz. Mientras las desnudaban y les tatuaban números en los brazos (ella se convirtió en la prisionera 41335), Stanisława hizo algo increíblemente arriesgado. Enrolló su certificado oficial de partera en un pequeño cilindro y lo metió a presión dentro de un tubo de pasta de dientes. Ese pedazo de papel era su única arma.


Cuando enfermó en el campo y fue enviada al hospital de prisioneros (un lugar donde entrar solía significar salir hacia las cámaras de gas), descubrió que una partera alemana del campo había caído enferma. Stanisława sacó su certificado del tubo de pasta y se ofreció como voluntaria. Fue asignada al Bloque de Maternidad.


El "Bloque de Maternidad" era un nombre engañoso. Era una barraca de madera construida originalmente para caballos. No había camas, solo literas de madera podrida de tres pisos. El suelo era de tierra, convertido en un lodazal pestilente debido a las inundaciones. Las ratas, del tamaño de gatos, corrían libremente por las paredes y mordisqueaban a las mujeres moribundas. No había agua corriente, ni vendas, ni anestesia, ni pañales.


Allí operaban las "Kapos" (prisioneras ascendidas a supervisoras), lideradas por una mujer alemana apodada "Hermana Klara". La regla del campo era clara y monstruosa: todos los bebés nacidos en Auschwitz debían ser ahogados en un barril de agua inmediatamente después del parto, frente a sus propias madres.


Un día, el infame Dr. Josef Mengele, conocido como el "Ángel de la Muerte", entró a la barraca y le dio a Stanisława la orden directa de asesinar a los recién nacidos. Se enfrentaba a la decisión moral más difícil de su vida: obedecer y vivir, o negarse y ser ejecutada en el acto.


Stanisława miró a Mengele a los fríos ojos y pronunció una frase que resonó en el silencio mortal del bloque: "No. Los niños no pueden ser asesinados".


Mengele, un hombre que enviaba a miles a las cámaras de gas con un movimiento de su dedo, se quedó paralizado. Furioso, le gritó, pero por alguna razón inexplicable, no sacó su pistola para matarla. Se dio media vuelta y se marchó. Stanisława había ganado la primera batalla.


Durante los siguientes dos años, Stanisława trabajó turnos de 24 horas. Estaba rodeada de mujeres esqueléticas, enfermas de tifus y disentería, muchas de ellas sabiendo que iban a morir. Sin embargo, cuando comenzaban las contracciones, Stanisława se convertía en un ángel protector.


Logró organizar a las mujeres para que donaran minúsculas partes de su ración de agua y así poder limpiar a las parturientas. Pedía a gritos mantas viejas para arrancarles pedazos de tela y usarlos como pañales. Cada vez que iba a atender un parto, se arrodillaba en el lodo, hacía la señal de la cruz y comenzaba a trabajar en la oscuridad.


El asombro médico llegó pronto. En condiciones donde cualquier mujer sana habría muerto de sepsis en un hospital moderno, las mujeres de Auschwitz que daban a luz con Stanisława sobrevivían. Entonces sucedió algo inesperado. Mengele exigió un informe de la tasa de mortalidad materna e infantil. 


Cuando leyó los números de Stanisława, estalló en cólera. La tasa de mortalidad de las madres y los bebés durante el parto era del 0%. Ni una sola mujer había muerto en el parto bajo el cuidado de la prisionera polaca. Era una estadística que ni siquiera las clínicas más prestigiosas de Berlín podían igualar.


A pesar de su éxito médico, la tragedia era inevitable. Aunque Stanisława lograba traer a los bebés al mundo sanos y salvos, no podía protegerlos del hambre. Las madres, desnutridas hasta los huesos, no tenían leche. El campo no proporcionaba ningún alimento para los recién nacidos. Muchos morían de hambre en los días posteriores. Otros, que nacían con cabello rubio y ojos azules, eran arrancados de los brazos de sus madres y enviados a Alemania para ser adoptados y "germanizados".


Sabiendo que las madres podrían no volver a ver a sus hijos, Stanisława ideó un plan silencioso. En la oscuridad de la noche, usando agujas robadas y tinta rudimentaria, Stanisława y sus ayudantes tatuaban en secreto un minúsculo número en la axila o en el talón de los recién nacidos que iban a ser robados por los alemanes. Era el mismo número de prisionera de sus madres. Su esperanza era que, al terminar la guerra, ese pequeño código de tinta permitiera que las familias volvieran a reunirse.


Fueron más de 3,000 los bebés que pasaron por sus manos. 3,000 vidas que respiraron su primer aliento sabiendo, por el tacto de Stanisława, que el mundo aún conservaba un rastro de amor y dignidad, a pesar de estar rodeados por el humo de los crematorios.


En enero de 1945, el Ejército Rojo se acercaba. Los nazis comenzaron las "marchas de la muerte", evacuando el campo para borrar la evidencia de sus crímenes. Stanisława se negó a marchar. Se quedó en el Bloque de Maternidad con las mujeres demasiado débiles para caminar y los últimos recién nacidos, protegiéndolos hasta que los soldados soviéticos finalmente abrieron las puertas el 27 de enero.


Stanisława regresó a su amada ciudad de Łódź, se reunió con sus hijos que habían sobrevivido milagrosamente, y siguió ejerciendo como partera. Fiel a su carácter humilde y silencioso, casi nunca habló de lo que hizo en Auschwitz. Decía que solo había cumplido con su juramento médico.


Fue recién en 1970, cuatro años antes de su muerte, cuando se celebró un evento en Varsovia en su honor. Cientos de personas asistieron. Eran madres ancianas y adultos jóvenes. 


Cuando Stanisława subió al escenario, muchos de los presentes lloraron desconsoladamente. Eran los niños de Auschwitz. Los niños que ella había traído al mundo. Algunos de ellos le mostraron las pequeñas cicatrices de tinta en sus axilas.


 

HALMONI. LA REVOLUCIÓN DE LAS ABUELAS COREANAS

Primera obra de investigación en castellano sobre un aberrante crimen perpetrado por Japón durante la Segunda Guerra, tardíamente visibilizado a nivel internacional: el sometimiento a esclavitud sexual de más de 400.000 mujeres (las llamadas mujeres de consuelo), en su mayoría coreanas.

Entre 1931 y 1945 más de 400.000 mujeres de las colonias y de los territorios ocupados por Japón durante la guerra fueron esclavizadas sexualmente. Las llamadas mujeres de consuelo formaron parte de la red de trata oficial más grande que haya existido en el marco de un conflicto armado contemporáneo. Silenciados por una cultura confuciana patriarcal que avergonzaba y culpaba a las propias víctimas, los primeros testimonios públicos sobre la violencia a la que habían sido sometidas se dieron a conocer en Corea del Sur recién a comienzos de la década de 1990. 

Desde entonces, diferentes organizaciones locales y globales de derechos humanos exigen verdad, memoria y justicia. Este libro narra la historia de las víctimas coreanas del sistema de esclavitud sexual del ejército japonés desde una perspectiva histórica que cruza feminismo, memoria y derechos humanos. 

Tras años de sólida investigación y riguroso trabajo de campo, María del Pilar Álvarez da cuenta aquí de la modernización de Corea y el rol de las mujeres bajo el gobierno colonial japonés, los cambios producidos durante la guerra, el origen y el funcionamiento del sistema de esclavitud sexual, el silenciamiento en la posguerra, el auge del feminismo y su impacto en el origen del movimiento de defensa de las esclavas sexuales, las posturas de los gobiernos de Japón, las tensiones regionales y la vigencia de las demandas en la actualidad. A ochenta años de finalizada la guerra, las mujeres de consuelo son un símbolo de resistencia, sororidad y reconocimiento político y cultural de las injusticias de género sufridas por las mujeres en Asia.

Este libro aborda con detalle el episodio histórico de las llamadas “mujeres de consuelo” durante la Segunda Guerra Mundial. La investigación es extensa. Sin embargo, mi principal crítica no es sobre el pasado que analiza, sino sobre lo que omite.

La obra insiste en la existencia de una cultura confuciana patriarcal que silenció y avergonzó a las víctimas durante décadas. No obstante, el libro trata esa cultura casi exclusivamente como un fenómeno del pasado, ligado al contexto colonial y de posguerra. En mi opinión, esto resulta incompleto y problemático.

La realidad es que muchos de los patrones estructurales que permitieron ese silenciamiento —estigmatización de las víctimas, presión social sobre la “honra”, desigualdad de género— no han desaparecido por completo en la Corea contemporánea. Corea del Sur es hoy una potencia tecnológica y cultural que proyecta una imagen moderna y progresista hacia el exterior. Sin embargo, persisten problemas serios relacionados con la violencia sexual, la explotación, la prostitución forzada, los delitos digitales de carácter sexual y otras formas de desigualdad estructural.

Reducir la discusión a un crimen histórico sin conectar de forma crítica y profunda con las continuidades actuales deja una sensación de análisis incompleto. Si el libro propone una mirada feminista y de derechos humanos, habría sido valioso que examinara con mayor contundencia cómo ciertos elementos culturales y sociales siguen influyendo en la forma en que se abordan —o se minimizan— los crímenes sexuales en la actualidad.

Recordar el pasado es fundamental. Pero si la memoria no dialoga con el presente, corre el riesgo de convertirse en una narrativa cerrada, cómoda y académica, en lugar de una herramienta transformadora.

Por eso, aunque reconozco el valor de la investigación histórica, considero que el enfoque es limitado y que el libro pierde la oportunidad de plantear una reflexión más incómoda y necesaria sobre el presente.

VIOLENCIA PSICOLOGICA Y MACHISMO







 

NERUDA Y LA CULTURA DE LA VIOLACION


El poeta del amor más leído del mundo confesó una vi*lación en sus propias memorias.


Lo escribió él pero  sin usar la palabra vi*lación.


En 1929, Pablo Neruda tenía 25 años y era cónsul honorario de Chile en Colombo, Ceilán. 


Todas las mañanas una mujer tamil de la casta paria llegaba a su casa a limpiar el baño. 


Neruda la describe en sus memorias como "la mujer más hermosa que había visto en Ceilán."


 La llama "una estatua oscura."


 "Un animal tímido de la jungla."


Durante días le dejó regalos en la puerta. 


Ella los ignoró todos.


Entonces una mañana, como él mismo escribió, 


"tomé su muñeca con fuerza y la miré a la cara.


 No había idioma en el que pudiera hablarle. 


Ella se dejó llevar sin sonreír y pronto estaba desnuda en mi cama. 


El encuentro fue el de un hombre con una estatua. Ella mantuvo los ojos abiertos todo el tiempo, impasible. Tenía razón en despreciarme. 


La experiencia no se repitió." 


No la llamó por su nombre porque nunca supo cómo se llamaba.


Décadas después una investigadora logró rastrear su historia.


 Se llamaba Thangamma.[1]


 Era una mujer sin poder. 


Para sobrevivir, yació ahí en silencio y soportó el asalto. 


Neruda escribió esa confesión y continuó con el relato del resto de su vida como si fuera una anécdota más. 


Como si decir "tenía razón en despreciarme" 


lo perdonara de lo que había hecho. 


El libro se publicó en 1974, un año después de su muerte.


 Se llama "Confieso que he vivido". Ganó el Nobel tres años antes.


Y durante casi cincuenta años, nadie habló de eso.


Según la periodista chilena Carla Moreno, en su columna "Confieso que he vi*lado", este capítulo de la vida de Neruda desapareció del debate público porque en realidad no parecía ser un tema que pudiera afectar su imagen. 


"Tan naturalizada está la cultura de la vi*lación y el ra*ismo que un hombre blanco y con poder pudo incluir el relato de una violación como una anécdota más en sus memorias. Y no pasó nada." 


Pero en 2018...


Chile descartó la propuesta de renombrar su principal aeropuerto internacional con el nombre de Neruda. 


 Las feministas chilenas salieron a las calles. 


En los muros de Santiago aparecieron grafitis que decían: "Neruda, ahora cállate tú."


Kemy Oyarzun, poeta y profesora de estudios de género de la Universidad de Chile, declaró que ella misma ha elegido enseñar la poesía de mujeres jóvenes que fue negada durante décadas. 


"Si me dices, ¿darás un curso solo sobre Neruda? No lo haré." 


La estudiante de preparatoria Laura Brodsky, de 18 años, dijo en una manifestación del movimiento #MeToo en Santiago que sus profesores ya no enseñan a Neruda. [2]


>>>"No tenemos ningún interés en leer su poesía", dijo. 


En su casa museo de Isla Negra, un comerciante de Santiago llamado Jorge Díaz dijo loo que piensa mucha gente:


 "Neruda tenía un lado oscuro. Pero todo el mundo tiene un lado oscuro." 


La reseña del American Enterprise Institute sobre las memorias completas de Neruda lo dice: 


estos pocos párrafos impregnan sus memorias de un hedor difícil de ignorar. 


Y hay algo más que nadie dice cuando defiende a Neruda con el argumento de (era otra época).


García Márquez lo llamó (el poeta más grande del siglo 20 en cualquier idioma).


Harold Bloom lo incluyó como uno de los escritores centrales del canon de occidenye.


Sus Veinte poemas de amor se vendieron millones de veces.


 Es el poeta latinoamericano más leído de la historia.


Y Thangamma no tiene ni siquiera una tumba identificada.


Cuando recordaba la vi*lación como una (experiencia) en la que la mujer (se dejó llevar), Neruda inventa una realidad que lo saca  de la brutalidad de sus actos. 


Su descripción ra*ista de la mujer sri lankesa solo muestra las dinámicas de poder ya existentes entre el sirviente y el patrón.


El clasismo y el ra*ismo ayudan a su incapacidad para recordar el nombre de esta mujer. 


 ¿se puede separar el arte de quien lo crea?


 ¿Podemos seguir leyendo los Veinte poemas de amor sabiendo esto?


....


Si llegaste hasta acá, supongo que sos de las personas que pensé que no leería un artículo de este tamaño, si te gusta mí trabajo, me podes seguir, si querés, nada más. Si escribí algo mal te entrego mis disculpas y te pido que me lo digas, así lo corrijo.


Firma: La broma infinita  

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Fuentes 


Neruda, P. (2021). "The Complete Memoirs" (H. St. Martin y A. N. West, trads.). Farrar, Straus and Giroux. (Obra original publicada en 1974)


American Enterprise Institute. (2022, 25 de mayo). "The Complete Memoirs review: Neruda in full" 


NPR / Otis, J. (2022, 15 de octubre). "He's known as Chile's greatest poet, but feminists say Pablo Neruda is canceled".  National Public Radio. 


NPR / Otis, J. (2022, 8 de octubre). "Feminists in Chile are fighting to repaint Pablo Neruda's legacy". National Public Radio. 


The Mancunion, University of Manchester. (2018, 3 de diciembre). "Protests in Chile over Pablo Neruda's legacy". 


Global Voices. (2015, 5 de octubre). "Portrait of Nobel Literary Prize winner Pablo Neruda sparks debate about rape culture in Chile"


ZNetwork / Moreno, C. (2015). Revisiting a dark episode in the life of Pablo Nerud" (D. Jorden, trad.). 


MercoPress. (2018, 8 de diciembre). "Feminists oppose renaming Chile's main airport after Pablo Neruda". 


Sri Lanka Guardian / Colombo diplomat. (2020, agosto). "Neruda in Ceylon: On making peace of sorts with Pablo Neruda"


Wikipedia. (2025). "Pablo Neruda". Wikimedia Foundation. 

......

[1]Nota de autor:  Neruda nunca le dio un nombre en sus memorias, la llamó simplemente la tamul. El nombre Thangamma viene de una investigadora sudafricana llamada Robina Marks que en 2020 escribió un texto en su memoria. No es un nombre que él usó, es el nombre que le dio alguien que decidió que merecía tener uno. Porque eso  dice mucho más que el silencio de Neruda.


[2]Nota de autor: hay que salvar la obra, es un objeto inanimado, pero cuando la obra hace ganar plata al autor de algunos hechos cuestionables, no sé que pensar, ¿Paguen con la obra los daños?


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