LA HERIDA DE ABANDONO
La herida de abandono no empieza cuando un hombre no te elige.
Empieza mucho antes.
Empieza cuando aprendiste que el amor podía irse.
Cuando sentiste que tenías que portarte bien para que se quedaran.
Cuando entendiste que ser “demasiado” podía hacer que te dejaran.
Por eso hoy no duele solo que no te elijan.
Duele lo que activa dentro de ti.
No estás compitiendo por un hombre.
Estás compitiendo contra esa voz interna que susurra:
“Tal vez no soy suficiente.”
Y eso no se resuelve cambiando tu cuerpo.
Ni siendo más paciente.
Ni siendo más perfecta.
Se sana cuando tu sistema nervioso deja de vivir en alerta.
Cuando entiendes que no fue rechazo.
Fue memoria emocional.
La mujer sana no deja de amar.
Deja de perseguir a quien confirma su herida.
La conciencia rompe patrones.
11:11 | Etiquetas: AUTOAYUDA, PAREJA, SANIDAD EMOCIONAL | 0 Comments
CUANDO EL DOLOR JUSTIFICA LA IRRESPONSABILIDAD AFECTIVA
14:58 | Etiquetas: ABUSO SEXUAL, EQUIDAD, SANIDAD EMOCIONAL, SOCIEDAD | 0 Comments
LAS PELONAS
Las mujeres que hicieron del pelo corto una revolución
Antes no era nada común que las mujeres llevaran el cabello corto. Durante siglos, el pelo largo había sido un símbolo de feminidad, recato y obediencia. Cortarlo no era solo un cambio de imagen… era romper con lo que se esperaba de una mujer.
Por eso, cuando en la década de 1920 comenzaron a aparecer mujeres con el cabello corto en México, no se vio como moda. Se vio como provocación.
A esas mujeres se les llamó, muchas veces con desprecio, “las pelonas”. El término no era inocente. Era una forma de ridiculizarlas, de señalar que no encajaban, de decir que estaban cruzando una línea. Porque lo que estaba en juego no era el cabello… era el papel de la mujer en la sociedad. En un país que salía de la Revolución, estas jóvenes —principalmente de clase media urbana— comenzaron a estudiar, a trabajar, a salir solas, a fumar, a practicar deporte y a ocupar espacios que antes les estaban negados. Y su apariencia se convirtió en el símbolo visible de ese cambio.
Pero el rechazo no se quedó en palabras. En 1924, periódicos como El Universal Gráfico registraron ataques en las calles de la Ciudad de México. Hombres perseguían a las llamadas pelonas, las insultaban y, en algunos casos, les cortaban el cabello a la fuerza como castigo. No era solo una reacción moral, era violencia. Incluso circulaban versos que advertían: “La que quiera ser pelona, pagará contribución”. Era una forma de decirles que la libertad tenía consecuencias.
Aun así, el cambio no se detuvo. Las pelonas formaban parte de una transformación global. Eran la versión mexicana de las flappers, mujeres que en los años veinte desafiaban las normas en todo el mundo. Pero en México, el impacto fue más fuerte, porque chocaba con una sociedad profundamente conservadora. El cabello corto, la ropa ligera, la actitud libre… todo eso era visto como una amenaza.
Incluso la prensa alimentó esa imagen. Revistas y caricaturas las retrataban como superficiales, inmorales o “masculinizadas”. Pero al mismo tiempo, también comenzaron a aparecer textos que defendían esa transformación. En 1925, una publicación hablaba de “ultrapelonicemos la vida”, proponiendo que ese cambio no era solo estético, sino mental. Que era una forma de pensar distinto, de vivir distinto.
Figuras como Antonieta Rivas Mercado o Nahui Olin encarnaron ese espíritu. Mujeres que no solo rompieron con la imagen tradicional, sino con la forma de vivir. Escribieron, pensaron, amaron y decidieron por sí mismas en un momento donde eso no estaba permitido. Su imagen, muchas veces con el cabello corto, se convirtió en símbolo de una nueva mujer.
Hoy, cortarse el cabello no genera escándalo. Pero hace cien años, era una declaración. Era decir “mi cuerpo es mío”. Era cuestionar las reglas. Era incomodar.
Las pelonas no solo cambiaron su apariencia…
cambiaron la forma en que México entendía a las mujeres.
15:20 | Etiquetas: EQUIDAD, SOCIEDAD | 0 Comments
ANTONIETA RIVAS MERCADO
María Antonieta Rivas Mercado: el disparo que estremeció Notre Dame
El 11 de febrero de 1931, en el interior de la catedral de Notre Dame, en París, una mujer mexicana sacó una pistola y se disparó en el pecho.
No era una desconocida.
Era María Antonieta Rivas Mercado.
Hija del arquitecto del Ángel de la Independencia, mecenas, escritora, promotora cultural, mujer brillante en un México que apenas toleraba la inteligencia femenina. Financió proyectos artísticos, sostuvo movimientos culturales y apoyó políticamente a José Vasconcelos en su campaña presidencial de 1929.
Vivió entre intelectuales, artistas y revolucionarios.
Pero también vivió entre traiciones, escándalos y una profunda soledad.
Su matrimonio fue un desastre.
Su relación con Vasconcelos, intensa y tormentosa.
Su exilio en Europa, una huida emocional y política tras el fracaso de la candidatura vasconcelista frente al régimen callista.
En París escribió, reflexionó y se hundió.
El disparo en Notre Dame no fue un gesto teatral. Fue el final de una mujer que había apostado por un México culto, moderno y espiritual… y que vio cómo ese sueño era devorado por el autoritarismo posrevolucionario.
Tenía 30 años.
Su muerte conmocionó a la comunidad mexicana en Europa. Décadas después, sus restos fueron trasladados a la Rotonda de las Personas Ilustres en México. La historia, que tantas veces ignoró a las mujeres incómodas, terminó reconociendo su peso intelectual.
Pero la pregunta sigue siendo incómoda:
¿Fue su muerte un acto desesperado ante la derrota política?
¿Una crisis emocional profunda?
¿O el grito final de una mujer demasiado lúcida para su tiempo?
María Antonieta no fue solo “la mujer que se suicidó en Notre Dame”.
Fue una arquitecta cultural del México moderno.
Una mente brillante atrapada en un país que aún no sabía qué hacer con mujeres libres.
La historia suele hablar de los hombres que ganaron elecciones.
Rara vez habla de las mujeres que pagaron el precio emocional de esas derrotas.
10:56 | Etiquetas: BIOGRAFIA, MUJERES | 0 Comments
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