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JACQUELINE SAUVAGE









 

YO NO RENUNCIO

Este es un relato de renuncia : la historia de una Malamadre que tuvo que dejar de lado su carrera profesional al tener a su primera hija. Lo más normal del mundo, ¿verdad? Pues no, ni es normal ni es justo y en estas páginas descubrirás por qué.

Laura Baena Fernández, fundadora del Club de Malasmadres, parte de su propia experiencia para ahondar en una realidad invisibilizada aunque afecte a cientos de millas de mujeres en nuestro país: cómo ser madre acaba penalizándolas tanto a nivel laboral como personal. Valiéndose de la colaboración de su compañera de lucha, la socióloga Maite Egoscozabal, y de la voz de muchas mujeres reconocidas o anónimas, la autora nos abre los ojos ante nuestras creencias sesgadas sobre maternidad, invitándonos a reflexionar y a reaccionar. Todo ello para impulsar una revolución cultural que rompa con el silencio de las madres sobre sus vivencias y genere un cambio social real.

Porque solo destapando las renuncias de las mujeres, que parecen elegidas pero no lo son, se puede poner fin a la desigualdad y conseguir que las legítimas reivindicaciones por las que aboga este libro se conviertan en la realidad de las generaciones futuras.

El libro “Yo no renuncio” cuenta la historia personal de una “Malamadre” que tuvo que dejar de lado su carrera profesional tras tener a su primera hija, una situación totalmente normalizada pero que aun así no es justa. Laura Baena Fernández, fundadora del Club Malasmadres, parte de su experiencia para hablar de una realidad invisibilizada que afecta a cientos de miles de mujeres en nuestro país: cómo la maternidad acaba penalizando a las mujeres en el ámbito laboral y en lo personal. 

Valiéndose de la colaboración de su compañera de lucha -la socióloga Maite Egoscozabal- y de la voz de muchas mujeres, la autora nos abre los ojos ante nuestras creencias sesgadas sobre maternidad, invitándonos a reflexionar y a reaccionar. Todo ello para impulsar una revolución cultural que rompa con el silencio de las madres sobre sus vivencias y que genere un cambio social real.

NO RENUNCIES A TU LIBERTAD POR LA NECESIDAD DE PROTECCION Y DESCANSO


















 

AGRIPINA LA MENOR



Agripina la Menor es la mujer más poderosa que dio Roma. 🏛️

Bisnieta de Augusto. Hermana del emperador Calígula. Esposa del emperador Claudio. Madre del emperador Nerón.

Ningún hombre de su época acumuló tantos lazos con el trono.

Y sin embargo, la historia la recuerda como villana. Porque hizo lo que los hombres hacían — pero siendo mujer.

Nació en el año 15 d.C., en una familia donde sobrevivir ya era un logro. ⚔️

Su hermano Calígula, una vez emperador, la acusó de conspirar y la desterró a una isla diminuta.

Cuando Calígula fue asesinado en el 41, Agripina volvió del exilio.

Otros habrían buscado discreción. Ella empezó a tejer el camino hacia el centro mismo del poder.

Su tío Claudio se convirtió en emperador y acababa de ejecutar a su esposa Mesalina. 🗡️

El trono tenía un vacío junto a él. Agripina lo ocupó.

Lo sedujo y se casó con él, pese a ser su sobrina carnal. El matrimonio era tabú.

Así que el Senado, presionado, cambió la ley para legalizar la unión. Roma se reescribió a su medida.

Agripina llegaba con un arma: un hijo de un matrimonio anterior. 🏛️

Su nombre era Lucio. Lo conocemos como Nerón.

Convenció a Claudio de adoptarlo formalmente, colocándolo por delante de Británico, el propio hijo biológico del emperador.

En una sola jugada, su sangre quedó primera en la línea de sucesión. La estratega no improvisaba.

54 d.C. Claudio muere tras una cena. El plato: un guiso de setas. 🏺

Las fuentes antiguas, casi unánimes, señalan a Agripina como autora del envenenamiento.

Nerón, con apenas 16 años, es proclamado emperador.

Agripina había completado lo imposible: poner a su hijo en el trono del mundo. Y planeaba gobernar a través de él.

Fue su único error de cálculo. ⚔️

Nerón no quería compartir el poder con nadie, menos aún con la madre que lo controlaba.

Primero la apartó de las reuniones. Luego le retiró la guardia. Finalmente la expulsó del palacio imperial.

La mujer que lo había hecho todo se convirtió en un obstáculo. Y en Roma, los obstáculos se eliminaban.

59 d.C. Nerón decide matarla. 🗡️

El primer plan es siniestro: un barco diseñado para desmontarse y hundirse en el mar. Pero Agripina sobrevive al naufragio y nada hasta la orilla.

Sin sutilezas ya, Nerón envía soldados a su villa.

La tradición cuenta que, ante las espadas, descubrió su vientre y dijo: "Golpead aquí, donde parí a Nerón".

Agripina escaló cada peldaño de un sistema diseñado para mantenerla fuera. 🏛️

Manejó leyes, matrimonios, sucesiones y un imperio entero desde una posición que, oficialmente, no le daba ningún poder.

Murió a manos de su mayor obra: el hijo que ella hizo emperador.

Roma nunca perdonó su ambición. Pero tampoco logró nunca olvidar su nombre.


LEONA VICARIO




Hoy, 21 de agosto, se cumple un aniversario de la muerte de Leona Vicario, y quiero decir algo incómodo: seguimos recordándola mal. La convertimos en un nombre de calle, en una figurita sentimental, en "la esposa de Andrés Quintana Roo". Y le hacemos, dos siglos después, exactamente lo mismo que le hicieron en vida: reducir a una de las mentes más formidables de la Independencia a una mujer que, pobrecita, actuó por amor.


Empecemos por los hechos, porque son enormes. Leona Vicario era una criolla rica, huérfana y heredera, y podía haber vivido cómodamente el resto de sus días. En cambio, usó su fortuna para financiar la insurgencia: compró armas, sostuvo a los rebeldes, pasó información, reclutó armeros. Cuando la descubrieron, la encarcelaron, la interrogaron, y se negó a delatar a un solo compañero. Perdió su dinero, su casa, su seguridad, y se fue a vivir la guerra a salto de mata. No siguió a un hombre a la guerra. Puso su fortuna y su vida al servicio de una idea.


Y aquí viene la parte que deberíamos gritar en cada aula. Años después, ya consumada la Independencia, uno de los grandes intelectuales del país, Lucas Alamán, la menospreció por escrito, insinuando que todo lo que había hecho por la patria lo había hecho, en realidad, por amor a Quintana Roo. La típica jugada: una mujer no puede haber tenido convicciones, ideas, coraje propio; si hizo algo grande, seguro fue por un hombre.


Leona Vicario no se quedó callada. Le respondió, en la prensa, con una frase que es, para muchos, la primera defensa feminista pública hecha por una mexicana: "Confiese usted, señor Alamán, que no solo el amor es el móvil de las acciones de las mujeres; que ellas son capaces de todos los entusiasmos, y que los deseos de la gloria y de la libertad de la patria no les son unos sentimientos extraños".


Léanla otra vez. En 1831, una mujer le dijo a la cara al hombre más influyente de su tiempo que las mujeres actúan por convicción, por gloria, por libertad, y no solo por amor. Y tenía toda la razón.


Lo terrible es que la batalla que ella ganó en el papel, la seguimos perdiendo en la memoria. Todavía hoy, cuando una mujer hace historia, buscamos al hombre detrás. Todavía reducimos su agencia a su vida sentimental. Todavía convertimos a las heroínas en notas al pie de los héroes.


Así que este 21 de agosto no la recuerden como la esposa de nadie. Recuérdenla como lo que fue: una mujer que financió una revolución, que aguantó la cárcel sin traicionar a nadie, y que, de paso, ganó la primera discusión feminista de este país. Le debemos, por lo menos, dejar de darle la razón a Alamán.

REALITYS LAVA IMAGEN









 

PETRA HERRERA


México tuvo una heroína que ayudó a conquistar una ciudad durante la Revolución… pero después intentaron borrar su nombre de la historia.


Durante décadas, millones de personas escucharon hablar de Pancho Villa, Emiliano Zapata y los grandes generales de la Revolución Mexicana. Sin embargo, muy pocos conocen a la mujer que arriesgó su vida en algunos de los combates más importantes del conflicto y que llegó a comandar a cientos de soldados.


Su nombre era Petra Herrera, y para poder luchar por su país, primero tuvo que dejar de ser Petra.


En 1913, cuando las mujeres eran excluidas de los rangos militares y relegadas principalmente a tareas de apoyo, decidió disfrazarse de hombre y adoptar el nombre de "Pedro Herrera". 


Mantener aquella identidad falsa no era sencillo. Cada mañana se levantaba antes que los demás soldados y fingía afeitarse para evitar cualquier sospecha sobre quién era realmente.


Aquello le permitió entrar en las filas revolucionarias, pero fue su valentía lo que la hizo destacar. Con el paso del tiempo se ganó una reputación que pocos podían igualar. 


Era conocida por su puntería, su disciplina y especialmente por una habilidad que podía cambiar el resultado de una batalla: destruir puentes y posiciones estratégicas del enemigo utilizando explosivos.


Pronto dejó de ser un soldado más. Dentro de las fuerzas revolucionarias de Pancho Villa se convirtió en una líder respetada, alguien capaz de dirigir hombres en combate y tomar decisiones bajo presión.


Entonces ocurrió algo inesperado.


Cuando ya había demostrado su valor una y otra vez, Petra decidió revelar la verdad. Frente a sus compañeros soltó sus largas trenzas y anunció que era mujer. Muchos quedaron sorprendidos, pero para entonces su capacidad estaba fuera de toda duda. Había ganado el respeto de quienes habían luchado a su lado.


La prueba más importante llegaría poco después.


En mayo de 1914 comenzó la Segunda Batalla de Torreón, uno de los enfrentamientos más decisivos de toda la Revolución Mexicana. La ciudad era un punto estratégico fundamental y su captura podía cambiar el rumbo de la guerra.


Petra no solo participó en aquella operación. Diversos testimonios de la época la señalan como una de las figuras clave de la victoria. Un revolucionario recordaría años después: “Fue ella quien tomó Torreón y apagó las luces cuando entraron en la ciudad.”


En aquella batalla participaron alrededor de 400 mujeres revolucionarias, aunque la historia rara vez habla de ellas. Sin embargo, incluso después de demostrar su liderazgo en uno de los momentos más importantes del conflicto, Petra no recibió el reconocimiento que había ganado.


Pancho Villa se negó a otorgarle el rango de general.


Muchos historiadores consideran que los prejuicios de la época hicieron imposible que una mujer recibiera públicamente el crédito por una participación militar de semejante importancia.


Pero Petra no estaba dispuesta a quedarse de brazos cruzados.


Si no podía avanzar dentro de aquella estructura, construiría la suya propia. Poco después organizó una brigada integrada exclusivamente por mujeres. Algunas fuentes afirman que llegó a dirigir a cientos de combatientes, mientras otras elevan la cifra a más de mil.


Era algo extraordinario para principios del siglo XX.


Mientras gran parte del mundo seguía considerando que las mujeres debían permanecer lejos del campo de batalla, Petra lideraba operaciones militares y demostraba que el valor no dependía del género.


Con el tiempo, la guerra fue cambiando y muchas de aquellas historias comenzaron a quedar en el olvido. Su brigada terminó desapareciendo y gran parte de sus logros dejaron de aparecer en los relatos más conocidos de la Revolución.


Pero Petra todavía no había terminado de servir a México.


Más adelante trabajó como espía para las fuerzas de Venustiano Carranza. Bajo una nueva identidad administraba una cantina en Chihuahua mientras recopilaba información estratégica. Era una labor silenciosa y peligrosa que podía costarle la vida en cualquier momento.


Y finalmente así ocurrió.


Tras ser identificada por varios hombres, fue atacada y sufrió heridas que terminaron complicándose. Poco después perdió la vida cuando apenas tenía alrededor de 28 años.


Hoy, más de un siglo después, Petra Herrera sigue siendo una de las figuras más extraordinarias y menos reconocidas de la Revolución Mexicana.


Desafió las reglas de su tiempo, luchó cuando casi nadie esperaba ver a una mujer en el frente de batalla, lideró combatientes cuando otros creían que era imposible y ayudó a cambiar el rumbo de una de las guerras más importantes de la historia de México.


Quizá la mayor injusticia no fue que le negaran el rango que había ganado con su valentía… sino que una mujer que ayudó a conquistar una ciudad para su país todavía siga siendo una desconocida para gran parte de la nación que ayudó a transformar.



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