LAS PELONAS

Las mujeres que hicieron del pelo corto una revolución


Antes no era nada común que las mujeres llevaran el cabello corto. Durante siglos, el pelo largo había sido un símbolo de feminidad, recato y obediencia. Cortarlo no era solo un cambio de imagen… era romper con lo que se esperaba de una mujer. 

Por eso, cuando en la década de 1920 comenzaron a aparecer mujeres con el cabello corto en México, no se vio como moda. Se vio como provocación.


A esas mujeres se les llamó, muchas veces con desprecio, “las pelonas”. El término no era inocente. Era una forma de ridiculizarlas, de señalar que no encajaban, de decir que estaban cruzando una línea. Porque lo que estaba en juego no era el cabello… era el papel de la mujer en la sociedad. En un país que salía de la Revolución, estas jóvenes —principalmente de clase media urbana— comenzaron a estudiar, a trabajar, a salir solas, a fumar, a practicar deporte y a ocupar espacios que antes les estaban negados. Y su apariencia se convirtió en el símbolo visible de ese cambio.


Pero el rechazo no se quedó en palabras. En 1924, periódicos como El Universal Gráfico registraron ataques en las calles de la Ciudad de México. Hombres perseguían a las llamadas pelonas, las insultaban y, en algunos casos, les cortaban el cabello a la fuerza como castigo. No era solo una reacción moral, era violencia. Incluso circulaban versos que advertían: “La que quiera ser pelona, pagará contribución”. Era una forma de decirles que la libertad tenía consecuencias.


Aun así, el cambio no se detuvo. Las pelonas formaban parte de una transformación global. Eran la versión mexicana de las flappers, mujeres que en los años veinte desafiaban las normas en todo el mundo. Pero en México, el impacto fue más fuerte, porque chocaba con una sociedad profundamente conservadora. El cabello corto, la ropa ligera, la actitud libre… todo eso era visto como una amenaza.


Incluso la prensa alimentó esa imagen. Revistas y caricaturas las retrataban como superficiales, inmorales o “masculinizadas”. Pero al mismo tiempo, también comenzaron a aparecer textos que defendían esa transformación. En 1925, una publicación hablaba de “ultrapelonicemos la vida”, proponiendo que ese cambio no era solo estético, sino mental. Que era una forma de pensar distinto, de vivir distinto.


Figuras como Antonieta Rivas Mercado o Nahui Olin encarnaron ese espíritu. Mujeres que no solo rompieron con la imagen tradicional, sino con la forma de vivir. Escribieron, pensaron, amaron y decidieron por sí mismas en un momento donde eso no estaba permitido. Su imagen, muchas veces con el cabello corto, se convirtió en símbolo de una nueva mujer.


Hoy, cortarse el cabello no genera escándalo. Pero hace cien años, era una declaración. Era decir “mi cuerpo es mío”. Era cuestionar las reglas. Era incomodar.


Las pelonas no solo cambiaron su apariencia…

cambiaron la forma en que México entendía a las mujeres.

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