NELLIE CAMPOBELLO



La historia de Nellie Campobello, cuyo verdadero nombre fue María Francisca Moya Luna, está marcada por el arte, la literatura, la Revolución Mexicana y un desenlace tan trágico como enigmático. Su vida atraviesa gran parte del siglo XX mexicano y refleja la transformación cultural de un país que buscaba construir su identidad después de la lucha revolucionaria.

Nació el 7 de noviembre de 1900 en Villa Ocampo, Durango, una región profundamente vinculada a los acontecimientos revolucionarios que años más tarde inspirarían gran parte de su obra literaria. Durante su infancia y juventud vivió en diversos lugares del norte del país, entre ellos Parral, Chihuahua, la ciudad de Chihuahua y Laredo, Texas, experiencias que enriquecieron su visión del mundo y le permitieron conocer de cerca las realidades sociales y políticas de la frontera norte.

Con el paso de los años adoptó el nombre artístico de Nellie Campobello. Algunas versiones señalan que el nombre "Nellie" provenía de una perra que pertenecía a su madre, mientras que el apellido artístico surgió de la influencia de su padrastro, Jesús Campbell Morton, o posiblemente del médico Ernesto Stephen Campbell. Bajo este nombre alcanzaría reconocimiento nacional e internacional.

En 1923 llegó a la Ciudad de México, centro político y cultural del país. La capital vivía entonces una intensa etapa de renovación artística impulsada por el movimiento posrevolucionario. Allí estudió en una escuela inglesa, tomó clases de ballet y comenzó a relacionarse con escritores, pintores e intelectuales que definían el rumbo de la cultura mexicana.

Su debut literario ocurrió en 1928 con la publicación de Yo, versos por Francisca, una obra poética publicada inicialmente en edición de autor. Un año después, el reconocido pintor y escritor Dr. Atl impulsó su reedición, contribuyendo a dar visibilidad a su trabajo. Sin embargo, sería la narrativa la que la convertiría en una figura fundamental de las letras mexicanas.

La experiencia vivida durante la Revolución Mexicana quedó plasmada en Cartucho. Relatos sobre la lucha en el norte de México (1931), considerada una de las obras más importantes sobre el conflicto revolucionario. A diferencia de otros relatos centrados en héroes militares o grandes batallas, Campobello narró la Revolución desde la mirada cotidiana de mujeres, niños y comunidades del norte del país. Posteriormente publicó Las manos de mamá (1937), donde profundizó en los recuerdos familiares de aquella época, y Apuntes sobre la vida militar de Francisco Villa (1940), una obra dedicada a reivindicar la figura del líder revolucionario.

Paralelamente, desarrolló una notable carrera en la danza. Su formación como bailarina la llevó a incorporarse en 1930 a la Sección de Música y Bailes Nacionales de la Secretaría de Educación Pública. Su talento como coreógrafa y promotora cultural le permitió fundar en 1931 la Escuela Nacional de Danza, institución que dirigió durante varias décadas y que contribuyó decisivamente a la profesionalización de la danza en México.

Junto con su hermana Gloria Campobello, publicó en 1940 la obra Ritmos indígenas de México, reflejo de su interés por rescatar y difundir las expresiones artísticas tradicionales del país. Tres años más tarde, en 1943, fundó el Ballet de la Ciudad de México, consolidándose como una de las principales impulsoras de la danza nacional. Como escritora, poeta, bailarina y coreógrafa, logró construir una trayectoria excepcional que la situó entre las figuras culturales más influyentes del siglo XX mexicano.

Sin embargo, los últimos años de su vida estuvieron marcados por la tragedia. En 1984, cuando contaba con 84 años de edad, Nellie Campobello desapareció repentinamente de los círculos culturales que frecuentaba. También desaparecieron sus pertenencias personales y valiosas obras de arte de Diego Rivera y José Clemente Orozco que formaban parte de su patrimonio. Durante años, su paradero fue un misterio para familiares, amigos y autoridades.

La verdad comenzó a esclarecerse hasta 1998, cuando la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal investigó el caso. Las pesquisas revelaron que la escritora había sido víctima de un secuestro y permanecido privada de su libertad por Claudio Fuentes Figueroa, también identificado como Claudio Niño Cienfuentes, y por su esposa María Cristina Belmont, quien había sido alumna de Campobello.

La investigación determinó que Nellie Campobello había fallecido el 9 de julio de 1986 en Progreso de Obregón, Hidalgo, lejos del mundo artístico al que había dedicado su vida. También se descubrió que había sido enterrada en el Cementerio de Progreso de Obregón sin que el ámbito cultural mexicano conociera su verdadero destino.

Finalmente, sus restos fueron trasladados a Villa Ocampo, Durango, la tierra que la vio nacer, donde hoy reposan. Así concluyó la vida de una mujer que fue testigo de la Revolución Mexicana, pionera de la danza moderna en México y autora de una de las obras literarias más significativas sobre el conflicto revolucionario.

La historia de Nellie Campobello permanece como un símbolo de talento, fortaleza y creatividad, pero también como un recordatorio de uno de los episodios más dolorosos y desconcertantes en la historia cultural de México. Su legado continúa vivo en la literatura, la danza y la memoria histórica del país.

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